A pocos kilómetros en el límite con San Juan, en territorio riojano existe un lugar mágico llamado “El Vallecito Encantado”, la naturaleza formó aquí misteriosas geoformas de colores que contrastan con la aridez del desierto, donde la presencia de vegetación es nula.

Llegar al Vallecito Encantado es toda una aventura, la legendaria ruta 40 atraviesa la soledad hasta cruzar con Guandacol, un pequeño pueblo perdido en la inmensidad. Se debe cruzar un cauce de agua, el río del mismo nombre que la localidad, donde la arena es rojiza. Aquí un viejo cartel de madera, el único, avisa que se está cerca del Vallecito.

El camino atraviesa la intimidad de un mapa de bellezas incomparables donde habita un silencio real que se convierte en la mejor compañía. El rojo es el color dominante que la naturaleza usó para pintar este paisaje que incluye los Cerros Colorados y la Sierra de Maz. Luego de cruzar estos hitos geológicos, se llega finalmente al Vallecito Encantado.

En el acceso hay un mirador de madera que permite tener una visión absoluta de esta belleza que crece en el hechizo de un rincón riojano donde el tiempo se detuvo. El paisaje muestra cómo era la Tierra en la era Paleozoica, hace 360 millones de años. A lo lejos se ven formaciones montañosas de tonos azulados, amarillentos y grises. Siguiendo por un sendero aparece el Vallecito.

Las geoformas se exhiben como si se tratara de una muestra escultórica natural, alguna de ellas tienen nombres como “El perfil de la momia”, “El barco”, “El lagarto”, “El sombrero”, y “El balón”, pero sin dudas la que más acapara la atención es la llamada “Copa del mundo”, que semeja un trofeo de más de dos metros de alto.

La Secretaría de Turismo aconseja no hacer solo la visita al Vallecito, además de riesgoso, por lo agreste del lugar, el visitante se pierde de mucha información, por lo que se aconseja contratar un guía en la localidad de Guandacol.

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