Por Damián Damore. Fotos: gentileza INTA Alto Valle Río Negro.

Argentina goza de un Malbec triunfante y de un Cabernet Sauvignon desplazado, pero no muchos saben que la segunda variedad más plantada del país es la Bonarda. Con algo algo de mil hectáreas que la Cabernet Sauvignon (18 mil hectáreas contra 17), se ubica detrás del Malbec, que produce 30 mil. Pero hay otras uvas que se proyectan.

En el Alto Valle, en Río Negro, en la zona rural de Allen se evaluaron once uvas tintas y dos blancas, la mayoría desconocida entre los consumidorres aficionados. En el Campo Experimental del INTA trabajó el INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial) y el CDV (Centro de Desarrollo Vitícola) un apoyo interinstitucional con el objetivos de ir definiendo los alcances de las uvas del futuro.

En 2005, se instalaron seis parcelas experimentales en red en los oásis productores de Mendoza, San Juan y Río Negro. Según el ingeniero agrónomo Mario Gallina, responsable del Área de Viticultura, “se hicieron vinificaciones a escala piloto (de 120 kg de uva cada una, durante cinco temporadas hasta hoy), siguiendo un protocolo estándar para no interferir con las características propias de cada variedad. Se analizaron variables físico-químicas y de los componentes fenólicos de los vinos. Anualmente se presentan los vinos al sector vitivinícola, en una degustación pública y abierta, donde se toma en cuenta la valoración que le da el sector a cada variedad”. 

La lista incluye a muchas desconocidas para la mayoría, aunque varias de ellas se usan para vinos de cortes, como la Ancelotta, la Nero D’Avola o la Caladoc. Otras de las cepas puestas bajo la lupa son Rondinella, Croatina, Corvina Veronese y Riesling renano (blanca), entre varias. Touriga Nacional, Nebbiolo, Verdicchio (blanca), Mourvèdre, Garnacha y Syrah completan una lista de trece. 

LOS TIPOS. La necesidad de desarrollar nuevos productos es importante para sostener la competitividad de la vitivinicultura en el futuro. El proyecto nace en el INTA Mendoza, y el objetivo del trabajo fue generar información para el sector productivo, sobre la adaptación de las variedades no tradicionales en diferentes regiones vitivinícolas de Argentina según su  comportamiento agronómico, la caracterización sensorial y química de los vinos y la valoración de la calidad de los vinos.

El Pinot Noir es una variedad originaria de Borgoña. Da vinos que se caracterizan como elegantes, de color medio, con reflejos anaranjados y aromas que recuerdan al grafito, la frutilla, y notas a especias asiáticas. Al ser una variedad de racimo apretado y de piel muy fina, es muy susceptible a sufrir la podredumbre de los racimos. “Pero en Patagonia los vientos constantes y las escasas precipitaciones disminuyen de forma drástica este riesgo. Por esta razón es una zona muy propicia para el desarrollo de esta variedad”, nos cuenta desde allí Agustín Lombroni, enólogo de la Bodega Del Río Elorza. 

La Cabernet Franc es una de las variedades que desde hace un tiempo busca un camino propio. Varias bodegas trabajan esta variedad originaria de Francia, muy extendida en la zona de el valle de Loira. Da vinos de intenso color rojo granate, con aromas terrosos y frutas silvestres, como el casis y el arándano y también a pimiento rojo y hojas de tabaco. “En el Alto valle de Río Negro, las variedades de ciclo largo (aquellas que tardan más en madurar) son susceptibles a sufrir las heladas de fines de marzo o principios de abril. Por esto es que el Cabernet Sauvignon solo encuentra su máxima expresión de años particularmente cálidos. Pero el cabernet franc es de ciclo más corto y da excelentes vinos. En nuestro caso el Verum Cabernet Fran reserva 2011 es un fiel exponente de esta variedad”, completa.

Otra de la estrellas es la Petit Verdot, utilizada principalmente en Burdeos para vinos de corte (se trata de una uva muy “dura” para hacerla varietal) y que se da muy bien en la Pratagonia debido a que el clima más fresco conserva muy bien su acidez y tipicidad. Originariamente utilizada con el objetivo de aportar mayor tanicidad a los vinos (y por tanto mayor capacidad de crianza), en Argentina existen algunos exponentes que elaboran varietales puros, como sucede con marcas como Tomero (Lulunta, Mendoza) o la bodega Atamisque (Tupungato), que produce el varietal exclusivamente para exportación. El resultado de la fermentación de esta variedad da vinos de muy buena acidez e intenso color con matices violáceos, aromas que recuerdan a la ciruela, frutos del bosque como moras y notas florares como la violeta. 

ARTESANA. Andrea Bagliani es enóloga de Robeda, en Roca, Río Negro. Produce dos variedades, Malbec (con 3500 botellas al año) y Merlot (1500), que comercializa en bodegas y restaurantes de Río Negro y Neuquén. “Mi Merlot se destaca por ser joven, redondo, con un poco de roble para darle complejidad”, describe Andrea Baglini a uno de sus vinos. Recibió la medalla de plata en el concurso internacional Vino Andino 2013, que se hace cada año en Mendoza. El Malbec también se llevó un lauro: una mención por alto puntaje. “La Patagonia va definiendo sus vinos. Ahora tengo ganas de producir un Pinot-Noir, pero debo armar más infraetructura. Esta es una bodga casera que tiene ganas de crecer. Estamos en eso”, sintetiza su deseo.