Con esa maquinita (de escribir) mexicana que está parada ahí, con esa escribo los guiones”, señala Felipe Gutiérrez. “Coco”, como lo llama todo el mundo en Rojas. Guionista y director de cine exclusivo en esta localidad de unos 20.000 habitantes del norte de la provincia de Buenos Aires. Después de que sus primeras cuatro películas tuvieran éxito y repercusión mediática, por estos días escribe los diálogos del quinto film: El Almacén.

A sus 76 años, Coco es una personalidad en Rojas. En la parte de atrás de su casa pergeña las historias de sus filmaciones y es el lugar de los ensayos para los actores. Después de escribir el guión en la máquina de escribir, Gutiérrez le saca fotocopias para que los actores estudien, nada de pasarles el material por E-mail. “Acá a la noche vienen y ensayamos. Y los sábados después de almorzar partimos adonde sea”, le comenta a El Federal en su hogar.

El director cuenta cómo nacieron sus incursiones en el séptimo arte: “Cuando tenía 28 años, compré una cámara Súper 8, que la tengo todavía, junto al proyector. Empecé a filmar a mis hijos, paisajes, esas cosas. Me gustó. Después salió la videocámara, que tenía sonido, revelación. La otra la tenía que mandar a Panamá a revelar, ésta era instantánea. Un día hice una película sobre un cuento que escribió mi hermana y me gustó. Me animaron acá a que la diera en el cine y tuvo éxito, La filmé con una cámara chiquita JVC, en el medio del campo, en un rancho que no tenía luz eléctrica. Iluminábamos con unos paneles de telgopor blancos. Se ponían afuera contra el sol y el resplandor iluminaba el interior del rancho. Entonces ya me animé y compré una máquina más grande”. Esas filmaciones caseras que comenzaron como un entretenimiento en su casa los fines de semanas fueron el inicio de un camino que continúa.

Así llegó La luz mala. “Fue un mediometraje de 47 minutos. Cuando vi la repercusión que tuvo me llamó la atención. La gente nos conoce, y es toda del pueblo. Si no trabaja el hermano, trabajo el tío o el sobrino o el amigo. Entonces llamó la atención que se dieran películas en este pueblo hechas por rojenses”, asegura el cineasta. Después fue el turno de Una historia de los “40”, para la que contrató a ayudante para que filmara, porque Coco se animó a actuar y dirigir. “Hice unas escenas de gallegos que es para tirarse al suelo de la risa”, recuerda.

Tras la producción de La herencia, su cuarta y última obra cinematográfica hasta hoy es Destinos, estrenada en 2012. “Esta ya fue filmada con tres máquinas y en el campo. Nos dificultó enormemente trabajar allí porque estábamos filmando y pasaba un tractor, un avión fumigando que nos tapaba de tierra. Teníamos que correr a tapar las máquinas. Fue una odisea y se hizo de acá a 10 kilómetros. Todos los sábados, después de almorzar, salía toda la caravana para filmar la película. Y tuvo una repercusión bárbara”, rememora.

 

Testimonios. Carlos Carrasco es un gran amigo de toda la vida de Felipe. Ambos cumplirán 77 años en diciembre próximo. “Carlitos” es el actor predilecto de “Coco”. Está presente en las cinco obras. “Trabajar con él es muy lindo, muy interesante -afirma Carrasco-. Sabe mucho. Cuando yo trabajo con él, me divierto mucho. Él lo que hace es para divertirnos. Hay que hacer lo que él dice, por eso es el director. Cuando habla él nos tenemos que callar la boca. Cuando él dice: ‘Esto es así y así’, lo tenemos que hacer así. A veces uno le puede decir ‘¿qué te parece si en vez de dar vuelta para acá doy vuelta para allá?’. Entonces él lo acepta porque lo ve. Si no, tenemos que trabajar como dice él. Es un gusto trabajar con él y con los actores que hay. Se formó un equipo bueno. No hay discusiones. Nos llevamos bien y nos divertimos entre todos. Son momentos muy agradables”. Gutiérrez compara a “Carlitos” con el mítico artista Luis Sandrini. “Reite de Luis Sandrini. Éste es igual, es genial”, opina “Coco” de su compañero.

El Almacén es el nuevo film sobre el que Felipe trabaja full time por estos días. “Acá en la esquina hay un lugar que fue el almacén de un turco. Falleció y le quedó a los hijos. Es el lugar ideal que yo buscaba. Tiene todo el botellerío como del año 40. Es un almacén de pueblo y grande, que es lo que yo preciso. Tiene las estanterías, las botellas, los mostradores para lavar las copas, todo”, comenta Gutiérrez. Esta película es un drama con cuatro conflictos en la trama. “En el boliche va a estar siempre él (Carlos) que va a ser el chusma y va a hacer salidas graciosas”, agrega “Coco”.

El director se hace cargo de todos los gastos de sus películas, aunque para la obra en proceso recibió un llamado de Martín Caso, intendente de Rojas, no necesariamente para una colaboración monetaria, aunque para poner el pueblo a su disposición, por si hiciera falta. Porque Coco ya piensa en grande: “En esta oportunidad voy a hacer un arreglo especial con los actores, que siempre han hecho las cosas ad honorem. Como ya están cubiertos los honorarios por la filmación y la edición, le daremos el 25% de la recaudación al cine y el resto a los actores. Se lo merecen”.

Además de escribir y dirigir la película, Felipe es el productor general y lo que haga falta. “Yo me ocupo de que se hagan los carteles, los reparto, voy a los diarios, me hacen las entrevistas. Voy a la radio, hablo por radio. Me muevo continuamente. Hay una chica que sabe maquillar, después son todas colaboraciones ad honorem. Carlitos me ayuda, también su hijo, que trabaja en la municipalidad. Todos colaboran. Muchos trabajan, pero yo me dedico full time a la película”, comenta Gutiérrez, quien tiene un campo a 15 kilómetros de Rojas que le genera un ingreso para vivir y para sus hobbies (también se dedica a hacer figuras con cerámica). Pero su vida y sus ojos siempre estarán pendientes de estar del otro lado de una cámara.

Por Hernán Alvarez