Una cocinera que durante 11 años trabajó como empleada doméstica impuso un modelo de agricultura urbana en las favelas de Río de Janeiro, para obtener una producción de alimentos a baja escala que evite la dependencia de los precios de la cadena de distribución tradicional en esas comunidades.

Se trata del proyecto Favela Orgánica, que nació en el barrio de Leme, zona sur de Río, en la favela Chapeu Mangueira.

Regina Thcelli, de 35 años, es la responsable de este increíble logro, quien se convirtió en una referente en Brasil y tendrá un programa de televisión. “La prioridad del proyecto es que las personas aprovechen el resto de los alimentos para hacer otras comidas. Lo demás es ayudar a quienes viven en las favelas de todo Brasil a que usen sus espacios de tierra o apenas macetas para plantar sus propios alimentos, condimentos o hierbas medicinales“, dijo Tchelli a Télam.

La crisis económica que golpea a Brasil y en particular a Río de Janeiro, donde los empleados públicos tienen sus salarios atrasados y el Estado se encuentran en calamidad financiera y de seguridad, volcó a miles de personas a usar los métodos de Favela Orgánica para evitar depender de las alteraciones del precio de los alimentos en las góndolas de los supermercados.

La mujer aprendió sobre comida orgánica sin proponérselo: es que en su tierra natal, Serraría, de 6.000 habitantes, la pobreza, la sequía y la falta de variedad obligaban a sus habitantes a reaprovechar la comida y a usar el suelo para algo que aún no sabían que se llamaba agricultura familiar.

El proyecto Favela Orgánica fue presentado por Tchelli hace cinco años cuando (con la implementación del programa de pacificación de favelas por parte de la policía), se incentivó la puesta en marcha de iniciativas sostenibles para la comunidad.
La cocinera recibió entonces capacitación del estado de Río de Janeiro y decidió abandonar la casa donde había trabajado durante 11 años.

La propuesta es convivir con la tierra. Logramos hacer con los vecinos que creían que era imposible pequeñas huertas en los pequeños lugares de tierra. Les enseñamos a la gente a cultivar sus alimentos y hierbas“, dice.

Pone como ejemplo que la lógica de la publicidad de los alimentos industrializados a veces cambia las prioridades de los vecinos de la favela.

A veces tenían plata para comprar una gaseosa en el mercadito pero creían que era un gasto comprar semillas o aprender a separar las semillas de las frutas para plantarlas y mantenerlas. Hasta que comienzan a ver los frutos“, aseguró Tchelli.

Con los restos que muchos desprecian de las ferias de productores que a diario se arman en los barrios de todas las ciudades de Brasil, incluso en medio de los turistas de Copacabana e Ipanema, cuando bajan los precios para agotar el stock antes del cierre, la cocinera de la favela del Morro Babilonia consigue llevar a la comunidad la materia prima para generar nuevos productos, como salsas para pastas, risotos y ensaladas.