Fotos: Gentileza Bambucicleta

 

Nace la idea.

Sorprendente. Hace unos 8 años, Nicolas Masuelli, un estudiante de Ingenieria industrial, debía realizar un trabajo para la facultad que consistía en desarrollar un producto cualquiera. Fanático de las bicicletas, decidió fabricar una a su medida, poniendo especial atención al aspecto ergonómico. Es que las bicicletas tradicionales siempre le hacian doler la espalda.

 

Acero vegetal

 

Además, Masuelli quería tener en cuenta el aspecto estético. Las cosas del azar hicieron que en aquel momento, en otra materia aprendió que las propiedades estructurales del bambú son superiores a las del acero.

 

Entonces se propuso confirmar las maravillas que los libros académicos hablaban sobre la resistencia y tenacidad del bambú, y justificar su calificación de “acero vegetal”.

 

 

Se forma el equipo.

 

En sus primeros pasos universitarios, Masuelli había conocido a Leonardo Pelegrin, un estudiante de Relaciones internacionales y Abogacía. Los amigos salían y se trenzaban en discusiones políticas y filosóficas.

 

Poco más tarde, Masuelli consiguió trabajo en un taller que reparaba aeroplaneadores, en Alvear, provincia de Santa Fe. Allí conoció al constructor, Hernán Nicci.

 

Hoy, los tres amigos son socios en este emprendimiento al que llamaron Bambucicleta. Para fabricarlas utilizan tecnología aeronáutica.

 

Así fue que comenzó una intensa fase de investigación y desarrollo que continúa hasta el dia de hoy. Apasionados, quieren mantenerse a la vanguardia en el desarrollo de distintos productos en bambú. Por supuesto, Masuelli obtuvo una buena calificación en la materia que cursaba.

El método.

 

Cuentan que el paso de la idea a la realidad fue inmediato y que siempre utilizaron un método de ensayo y error. “La clave fue no pensarlo demasiado desde el papel, dado que la naturaleza orgánica del material, y su irregularidad inherente puede hacer fallar al más mentado de los planos teóricos”.

 

Desde el primer momento empezaron a desarrollar prototipos reales. Los tres socios, amigos y familiares probaban los modelos y hacían sugerencias y críticas. 

 

Siempre trabajaron en relación directa con profesores de la facultad y personas expertas en el manejo de los composites (tecnología aeronáutica). Uno de los que los apoyó -y lo sigue haciendo- fue “el viejo” Néstor Fasola, experto que desarrolló y construyó los únicos 4 modelos de aeroplaneadores del país.

 

Por último, el INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial) fue otra pieza fundamental al colaborar con las pruebas de resistencia necesarias para obtener las normas IRAM. El prestigio de esta institución pública, sin dudas les sirvió para presentar el proyecto a terceros.

 

¿Cómo son las bicis de bambú?

 

Los pesos de las bicis de bambú varian de acuerdo al modelo y a los componentes. Van desde los 9,5 a los 13,5 kg. En promedio, el bambú pesa un poco menos que el aluminio, dada su mayor resistencia por centímetro cúbico. Peero, una de las principales ventajas del bambú es su capacidad de absorción de los golpes, por ser flexible.

 

“La mejor comparación son las palmeras en lugares tropicales donde hay fuertes tormentas. Las palmeras son una de las únicas especies que resisten la fuerza del viento porque se flexionan y absorben su energía en vez de resistirla. Con el bambú ocurre lo mismo: la flexibilidad del material se traduce en un andar mucho más relajado y amortiguado que el de una bicicleta tradicional de aluminio, carbono o acero”.

 

Otra ventaja es en el aspecto ergonómico. Las bambucicletas están diseñadas para evitar los dolores de espalda, una afección recurrente en ciclistas.

 

La súper eficiencia energética del bambú.

 

Más allá de las ventajas comparativas, los socios consideran que lo más importante, y su valor más valioso, es la eficiencia energética y la sustentabilidad del proceso de fabricación.

 

“Para hacer una bambucicleta se requiere menos de un 10 por ciento de la energía requerida para fabricar una bicicleta tradicional. Pensemos que para extraer el mineral se deben dinamitar montañas, transportar la materia prima a través de grandes distancias, y procesarlas en fábricas con altos consumos de energía eléctrica. En cambio, el bambú crece en el suelo. Es una gramínea, y su tasa de renovabilidad es la más alta de todas las especies maderables. Además, colabora al conservar la humedad de suelos erosionados y absorbe más carbono del aire que cualquier otra especie vegetal. El bambú favorece la biodiversidad y su aprovechamiento puede generar riqueza en economias regionales postergadas”. El bambú está en pleno auge mundial. El pionero, Graig Calfee, de EE.UU., ya ha demostrado que estas bicicletas funcionan mejor que las comunes y que el modelo es sustentable.

 

Las cuatro personas que trabajan en el emprendimiento se reparten entre Rosario y Alvear. Las bambucicletas se realizan en forma artesanal, a pedido y a medida de cada cliente. La demanda es cada vez mayor, sobre todo en el mercado europeo. “Queremos optimizar los procesos productivos actuales para disminuir los costos y poder ofrecer un modelo en el país accesible y masivo”.

 

Así, se despiden estos jóvenes emprendedores, que sueñan con seguir creciendo fuertes y resistentes como el material que los vuelve locos: la caña de bambú.

 

Más información: www.bambucicleta.com.ar