Hoy en día, cuando se habla del calentamiento global y de los problemas del medio ambiente, a menos que se trate de personas expertas, muchos desconocen la estrecha relación que existe entre actividad agrícola y contaminación. Creen que es sólo una consecuencia del desarrollo industrial.
– Yo diría que la agricultura definitivamente influye, y los malos manejos impactan sobre el medio ambiente. Se contamina con pesticidas, herbicidas, fertilizantes… Pero también con el planteo de los monocultivos, que impiden que la diversidad de cultivos en los sistemas agrícolas decline, y eso afecta a la biodiversidad y al planeta.
– Hoy la mayoría de los productores parecen priorizar los aumentos en la producción y la mejora en los rindes…
– Claro, pero tienen que hacerlo de un modo más sensible o inteligente que el que vienen proponiendo actualmente. Creo que si bien hay necesidad de fertilizantes, de pesticidas y de herbicidas y el monocultivo es más fácil de manejar, nosotros fácilmente podríamos pasar a la intersiembra o a la rotación. No hablo de sembrar diez especies distintas, pero podríamos pasar sencillamente a planteos de sólo dos o tres, que no necesariamente deberían sembrarse al mismo tiempo, sino consecutivamente. Creo que hay diferentes posibilidades para hacer una agricultura más amigable con el medio ambiente. ¿Dentendrán estas nuevas formas el impacto ambiental de la agricultura? Por supuesto que no. Estás manipulando el sistema, y por lo tanto, habrá un impacto. Pero realmente creo que podemos hacer decrecer el impacto de los agroquímicos con un mejor manejo del sistema agrícola. Eso es un hecho.
– Pero la soja da más ganancias.
– Sí, sé que uno de los problemas principales de vuestro país es el monocultivo de soja, que no está suficientemente cubierto. Buena parte de los ingresos están asociados a la producción sojera. Al menos, con la semilla de soja no hace falta fertilizar mucho. Quizás agregar algo de fósforo, porque el nitrógeno, a diferencia de otros cultivos, la soja ya lo toma mayormente de la atmósfera, y esa es una buena cualidad para este cultivo. Pero yo creo, por ejemplo, que respecto a la soja lo mínimo que deben hacer es rotación con maíz y soja, para que no someter a los suelos a un régimen continuo de soja, soja, soja, o también pueden optar por la intersiembra, alternando en el campo filas de soja con otras de maíz, no necesariamente como intersiembra total, pero sí cuatro o cinco filas de maíz y después otras tantas de soja, para lograr un balance. Es una adaptación muy simple, que da mejores resultados que la pura soja.
– Me parece que es un problema de codicia más que de desconocimiento…
– Sí, pero creo que los agricultores deben considerar la sustentabilidad como parte del aspecto económico. Porque, en realidad, la sustentabilidad hace al aspecto económico en el largo plazo. Sí, ahora pueden obtener buenos precios internacionales por el grano de soja, pero siguen degradando la tierra por malos manejos, la productividad del suelo irá decayendo, y con eso, los rindes y consecuentemente, las ganancias. Hay que pensar a largo plazo y hacer planteos que preserven sus ingresos a diez, veinte años.
– Y pensar que, en la Argentina, en agro el largo plazo es uno o dos años… ¿No hay nada que redima a los agroquímicos, entonces?
– Los agroquímicos en sí mismos no son el problema, sino el manejo que hacemos de ellos. Podemos mejorar mucho en la administración de los agroquímicos. Algunos agricultores trabajan bien, no usan los pesticidas todo el tiempo, a menos que los necesiten… Pero otros abusan de ellos. Y los desarrolladores, obviamente, quieren vender sus productos. Pero si se toma una perspectiva de largo plazo y se usa racionalmente la tecnología existente, se desarrollarán menos resistencias a estos pesticidas y se podrán utilizar por un plazo mayor. Hay que tener mucho cuidado con los pesticidas, porque son los que más afectan a la salud humana.
– O sea que usted habla de buenas prácticas agrícolas.
– Sí. Podemos mejorar nuestro modo de trabajar, aplicar mejor los fertilizantes, los pesticidas. Adoptar las reglas de uso. No aplicarlos donde no está indicado. No es un problema de prohibir el uso de agroquímicos, sino de usarlos apropiadamente.
– Para usted, que es europeo, ¿el glifosato es como el demonio?
– No. No creo que sea el demonio, pero sí me parece que a veces tenemos que aprender a usarlo mejor.  Mire, si no tenemos glifosato, nos será muy difícil avanzar, no sabremos cómo. Sólo que hay que saber usarlo, para afectar lo menos posible el medio ambiente. Es uno de los principales mensajes que llevo: en agricultura, hay que considerar ventajas y desventajas. No hay una práctica que por sí misma salvará a la agricultura. Todo debe hacerse con balance, las variables se tienen que compensar. No es blanco o negro.
– ¿La agricultura orgánica ganará más lugar a futuro?
– Bueno, la agricultura orgánica tiene un lugar en el horizonte agrícola. Esto no significa que vayamos a hacer orgánica toda la agricultura, es imposible. Pero creo que debe tener un lugar. La siembra orgánica se desarrolló por necesidad. Pero hay algunas prácticas de la agricultura orgánica que bien podrían adoptarse también en la agricultura convencional. Creo que lo orgánico tiene mucho espacio en el horizonte para aprender cosas, y quizás transferir algunos de sus valiosos elementos a la otra agricultura para limitar su impacto sobre el medio ambiente. También creo que siempre hay consumidores preocupados por la salud que están dispuestos a pagar más por un producto Premium, totalmente natural y libre de agroquímicos. No hay nada de malo en eso, al contrario. En muchos sentidos, la agricultura debería obtener mejores precios, pero de alguna manera son bajos y los productores los sufren un poco, pero si podemos encontrar maneras de agregar valor a la comida por los efectos que pueden brindar a nuestra salud y a nuestro medio ambiente, deberíamos tener que pagar por eso. Desafortunadamente, mucha gente no puede. Entonces, otra vez, es un balance.
– ¿Cree que los argentinos estamos haciendo los deberes para lograr una agricultura sustentable?
– Por lo que pude recorrer hasta ahora en Buenos Aires y en la zona de Rosario, veo que los argentinos están tratando de aprender y de hacer las cosas mejor en todas partes. Al mismo tiempo, vamos al campo y vemos extensiones interminables de tierra sembrada, y uno se termina preguntando cuán sustentable puede llegar a resultar un planteo así a través del tiempo. En este sentido, se parecen a los Estados Unidos: grandes áreas de producción, campos muy comerciales, que no son siempre los más ecológicos, pero también con gente que piensa en términos de sustentabilidad. El concepto de hacer una agricultura amigable con el medio ambiente, aquí ya es muy popular.
– ¿Cree que en pocos años la agricultura terminará siendo sustentable en todo el mundo?
– Para nada. Creo que la agricultura cambiará en los próximos años, pero no creo que lo haga dramáticamente. Llevará décadas y generaciones cambiar la mentalidad, y los manejos. Hay muchos cambios positivos que ya se pueden ver, lo que nos da esperanzas. Pero somos realistas también.