Por Antonella Sánchez Maltese

Periodista

Como en un cuento de gallegos, la comunidad ibérica demandó a la provincia de La Rioja, en su propio país, por la denominación de origen de los vinos. Pero el pasado 24 de febrero, la jueza Rita María Ailán rechazó la demanda contra el Estado Argentino presentada por el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Calificada Rioja, de España.
Si de origen se trata, sería oportuno remontarse a la fundación de la provincia argentina, en 1591, cuando el español Juan Ramírez de Velasco llegó para cumplir con la misión encomendada por la corona de ese país. No tuvo mejor idea que imponer el mismo nombre de su localidad natal. Todos los Santos de la Nueva Rioja fue el elegido para la tierra donde entonces habitaban y resistían diaguitas y calchaquíes argentinos, aunque luego se llamó simplemente La Rioja, como la de España. El pasado colonialista parece hoy jugarle una mala pasada al comercio vitivinícola español. “Esta es una situación insostenible, porque nosotros tenemos una Indicación Geográfica amparada por la ley, y en ningún momento nuestros productos provocan confusión al consumidor; por el contrario, nos distinguen como Rioja Argentina, destaca Lorenzo Capece, presidente de la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar), entidad integrada por los sectores público y privado. “Creemos que esta apelación que está haciendo la Denominación de Origen no tiene sustento judicial ni ético”, dice Capece respecto a la nueva instancia judicial, mediante la cual los españoles pretenden torcer el fallo que ya emitió la justicia argentina.
Exportacion en aumento. La demanda presentada por Rioja España en nuestro propio país, aseguran los productores, tiene como telón de fondo el crecimiento sostenido de exportaciones que viene favoreciendo a La Rioja Argentina. Estos beneficios provinciales no son ajenos a la evolución nacional en este tipo de producción.
“Nuestros vinos consiguieron un lugar importante en países del primer mundo, como Suecia e Inglaterra, razón más que válida para disputar un nombre, ¿no le parece?”, sentencia Roberto Mantovani, gerente general de La Riojana, cooperativa instalada en la provincia objeto del conflicto.
Y, según Mantovani, en esto la cantidad es directamente proporcional a la calidad. En Inglaterra hoy esa cooperativa comercializa vinos orgánicos mediante el denominado Fair Trade (Comercio Justo). Una alternativa al comercio convencional basada en la cooperación entre productores y consumidores, que tiene exigentes criterios para la certificación de los productos.
Los empresarios riojanos se esmeran en aclarar que lejos de usufructuar un nombre, una posible confusión entre las regiones perjudicaría mucho a la Argentina ante sus consumidores. “Nosotros somos lo nuevo, a la par de Chile, Australia, Nueva Zelanda, California. Somos los vinos de aroma, de fruta, de color, de orgánicos. Y España es lo viejo, lo estructurado”, asegura el gerente de La Riojana Cooperativa.
Otro logro que aporta al crecimiento de los números en la industria del vino es la exportación de los espumantes que produce esta bodega. El Dolce, desde el mes de mayo, está en los primeros lugares de comercialización, “con destino a los jóvenes de Estados Unidos, donde hay un consumo abundante”, explica Roberto Mantovani.
Las estadísticas en exportaciones vitivinícolas son en la actualidad más que beneficiosas para nuestro país, dice Lorenzo Capece, de Coviar. Con una fuerte presencia en Estados Unidos, el vino argentino es uno de los que más creció en el mercado mundial.
“Hoy el mosto (jugo concentrado de uva) va en aumento y sosteniéndose fuertemente”, indica Capece, que cumple el doble rol como integrante de la Cámara Riojana de Productores Agropecuarios (Carpa).
El gran malbec. El buque insignia que tiene nuestro país en exportaciones, y que representa casi el 80 por ciento de ellas según los productores, son los vinos tintos. Entre ellos se destaca la variedad Malbec. “Si bien es cierto que no es autóctona de Argentina, sino de Francia, para ellos era un vino malo, una variedad que andaba mal, y acá encontró una buena adaptación”, instruye Mantovani.
Hoy, destaca, este vino tinto gusta en el mundo y se produce en diversas zonas del país. “Tenemos el Malbec de Mendoza (Tupungato), de San Juan (Valle del Tulum), de Neuquén, de La Rioja, una misma variedad con diversidad por lo generoso de este hermoso país”, se enorgullece el gerente riojano.
Pero así como la variedad insignia de la Argentina sigue incrementando sus exportaciones, el Torrontés riojano, uno de los principales de cepa blanca, no se queda atrás. “Es un vino –apunta- que nos ha llevado mucho tiempo, pero felizmente lo hicimos conocer en el mundo”.
Declarado en abril como “Varietal emblemático de la provincia” por la Legislatura de La Rioja, las autoridades de la cooperativa La Riojana no titubean en señalar que “es único en el mundo; no lo tienen España, Francia ni Italia. Tenemos una variedad emblemática”.

Consumo interno y mercosur. En el último tiempo, Argentina se insertó de manera rotunda en el exterior, y sobre todo en Europa. Aun así, el presidente de Coviar admite que ahora están interesados en desarrollar el mercado latinoamericano. “Sobre todo con el bendito Mercosur. En los últimos 10 años, a nivel país, y como provincia, crecimos un 150 por ciento, y esto se debe a una industria que se supo organizar”, destacó el gerente de La Riojana.
Por su parte, el presidente de la Corporación Vitivinícola explicó que en la actualidad hay más de 40 proyectos en marcha que buscan consolidar, incluidos aquellos para pequeños productores. “Tenemos un desafío muy fuerte en el mercado interno, que es recuperar el consumo del vino, y para eso se está trabajando en sistemas de promoción y publicidad muy grandes que van a salir a la luz en la primera quincena de junio”, anunció.
En lo que se refiere al mercado externo, Coviar intenta fortalecer el vínculo comercial con los países de América latina. Entre ellos México y Brasil “como mercado foco, para poder ir creciendo y haciendo realidad este mercado que es extraordinario”.