Los animales tienen una capacidad auditiva superior a la de los humanos, pueden escuchar sonidos que para nosotros son imperceptibles. Los estruendos de la pirotecnia les ocasionan taquicardia, temblores, falta de aire, náuseas, aturdimiento, pérdida de control, miedo y en algunos casos la muerte.

Recordemos el caso reciente de la muerte de una perrita de Esquel que murió recientemente a causa de los estruendos de la pirotecnia. La imagen de la mascota muriendo en brazos de su familia se hizo viral en redes sociales.

El uso de la pirotecnia también hace daño a las personas con autismo, que tienen hipersensibilidad y escuchan potenciado cualquier sonido, por lo cual sufren pánico con cada estruendo. También sufren los ancianos, los bebés y los enfermos en los hospitales.

“Soy Marcos, y se acerca la época más horrible para mí y mi familia: las fiestas. Mi hijo, Ezequiel, es autista y se asusta mucho con las explosiones de los fuegos artificiales. No hay lugar de la casa en donde se pueda proteger, porque se escuchan desde todos lados”, expresa Marcos Goldschmidt en la petición abierta desde hace tiempo ya en la plataforma Change.org para juntar firmas con el fin de lograr una Navidad y Año Nuevo sin pirotecnia.

Podés ayudar a concientizar sobre esta problemática a tus personas cercanas y en redes sociales. Por su parte, la organización Sin Zoo lleva adelante la campaña #PirotecniaCero que también podés compartir: