Por Jorge Daniel González
Fotos Aldana Loiseau

Cuando el sol radiante de las mañanas quebradeñas entrevera sus rayos con las sombras de los árboles, ilumina la inocencia de los niños con la raíz inamovible, la que conocen, la que aprendieron en sus casas, la que enseñan sus escuelas, la que difunden desde sus palabras con acento de sabios de antaño, desde sus manos, en su mirada, hasta en su cuerpo y su vestimenta.

Con guardapolvo blanco esplendoroso, poncho guardián y luchador ante el frío de las cinco de la tarde en octubre, sombrero de alas protectoras y un dulce anchi de harina de maíz, azúcar y limón, la edición 31 del Tantanakuy Infantil, recibe a los chicos locales, pero también a los cordobeses y a los bonaerenses para intercambiar cultura y raíz nacional sin estímulos de competencia.

“El objetivo, además de afianzamiento y orgullo por su tierra, es que sientan la riqueza cultural que tienen, que sepan que son propietarios en este lugar”, esboza Fortunato Ramos, el erque mayor de la quebrada, con la felicidad en los ojos,  frente al monumento Héroes de la Independencia, en Humahuaca.

Fortunato Ramos es uno de los fundadores de este proyecto junto con Jaime Torres y Jaime Dávalos, entre muchos otros, en una idea que reunió escuelas, docentes y alumnos de   Cieneguillas, El Carmen, San Salvador, Tilcara, Chorillos, entre otros lugares. Este año llegó el Instituto Adventista Los Polvorines, de Malvinas Argentinas, Buenos Aires; el Coro del Colegio Nacional de Educación N°7 de San Miguel; el Colegio Maestro Diehl de Córdoba, quienes cambiaron su viaje de fin de curso a Bariloche para participar del Tantanakuy.

“Es la cuarta vez que venimos y, año tras año, junto al apoyo del preceptor y músico Marcos Navarro, le combatimos al viaje al sur para poder traer a nuestros alumnos a este encuentro con gran valor nacional”, declara, emocionada, la directora Claudia Castro.

Tierra de colores

El  martes 8 de octubre  se hizo la primera jornada del encuentro en la  Escuela N°27, Juan Galo de Lavalle, en Uquía, departamento de Humahuaca, dirigida por Nery Machaca, ejemplo de trabajo y unión: “Es la primera vez que recibimos esta propuesta. Para nosotros es la felicidad plena; para los chicos, es una oportunidad para contactarse con pares de otros lados y comunicarse con el lenguaje de la música y la danza”, cuenta la directora, mientras el calor llena el patio de la escuela y esparce a los niños a los talleres preparados en la mañana jujeña.

 

El privilegio de tener a Juan “Tata” Cedrón en el taller de milonga, fue de alegría inconmensurable para los guitarristas que se acercaron como también para los soñadores cantores que disfrutaron de las clases de Florencia Dávalos, la hija de Jaime: “Este es un sueño cumplido, un sueño maravilloso. Mi idea del taller es la integración y hacer un encuentro como muestra de todo el trabajo realizado”, dijo Flor.

El de Florencia se unió al taller de charango y repertorio popular encabezado por la experimentada charanguista Adriana Lubiz. En danzas, las edades se mezclaron entre las manos de la docente  Claudia Torres, quién propuso takiraris y carnavalitos. “Cada figura se realiza de forma simple para que los chicos entiendan, participen en el carnavalito y disfruten de una danza norteña, ya que todo niño tiene derecho a conocer su cultura y esta es una manera de practicarla”.

La misma esencia que Torres encontró la profesora Liliana Valenzuela junto a su hija Rocío en el sorprendente taller de tango: “Yo tenía temor por la idiosincrasia de la zona pero realmente se abrieron al tango; al comienzo lo escucharon, trabajaron libremente, caminaron y luego utilicé elementos para lograr un abrazo  que no fuera chocante, primero a modo de juego, después el elemento sobró y comenzaron a tomarse y bailar”.

Tras los encuentros de malarismo de Nicolás Godoy y artes plásticas por Romina Gómez, un saice caliente juntaba a los niños en mesas largas y charlas de comedor:  miradas de seis años con abrazos de 16, gentilezas y admiración, aquella que entre los mismos chicos se transmitieron durante la primera jornada en tarde de danzas, coplas, canto.

Tantanakuy: día dos

 

La poesía formó parte de la segunda jornada en Humahuaca, gracias a un programa coordinado por la poeta y docente Marisa Negri, llamado “Poesía en la escuela”, con una muestra el miércoles 9 en la  N° 408 Simón Bolivar y su participación como taller en la Asociación Tantanakuy en la mañana del jueves 10: “Venimos hace 4 años recorriendo festivales y luego de visitar Tucumán y Salta, llegamos para leerle a los chicos poesía universal, motivar el trabajo junto a poetas e inspirar la escritura e participación hacia encuentros de educación artística”.

En la poesía tradicional, Marita de Humahuaca enseñó cómo escribir coplas, cantarlas y tocar la caja mientras en la sala Jorge Prelorán del cine de La casa del Tantanakuy, los niños admiraron su propia historia a través de la proyección de la película animada “La piedra del rayo”, dirigida por Aldana Loiseau y Soledad Fernández, premiada con mención especial en el II edición del Festival de Cine UNASUR CINE, San Juan y 1er premio en el Festival Internacional de Animación de Córdoba -Anima-.

La maestría de Isabel Gallina en el taller de alfarería ofreció indicios de una cultura artística propia de la zona:habilidades manuales, sentido de creación y unión grupal, al igual que el taller de Saya en el centro de la sede guiado por integrantes del   Grupo Caporales de Humahuaca.??Tras días de sol intenso y sombras frescas, la tarde humahuaqueña frente al Monumento trajo nubes amenazantes, vientos que bajaban desde las escalinatas de piedra hasta el escenario montado en un vértice de la plaza central, como si la quebrada, desde su inmensidad, le doliera el final.

La chocolatada caliente en ollas inmensas humeaban los remolinos fríos entre las sillas de familiares mientras los alumnos-artistas, uno tras otro, dejaba su granito de ilusión y crecimiento. Tras la participación con repertorio popular y música clásica de la orquesta infanto juvenil “Música con Alas” del centro de Salud Hernán Miranda, la unión de los talleres puso un sello al encuentro cerca de las 19 de aquel jueves al interpretar la vidala riojana  “La Vida Mía”, recopilación de Leda Valladares, en los instrumentos de los cordobeses del Colegio Maestro Diehl, en las voces de las alumnos de escuelas jujeñas, en la danza de “Las Amigas del Tantanakuy”.

 

La del Tananakuy es la forma de entender los colores del cielo, los por qué de las flores, de la vegetación del cerro, de los caminos entre las quebradas, del sonido de los instrumentos, de la ropa, los motivos de un saludo con la mano o el deseo del “buen día” a un desconocido, las razones por la cual la sombra del cuerpo camina feliz al lado de los faros de las callecitas históricas, de las manos artesanas que entienden a la arcilla como una forma de vida.

La del Tantanakuy es la forma de la unión desde la raíz, como estrategia para  mantener viva la esencia cultural y defenderla con el deseo de que este encuentro sea una fuente inspiradora para cada rincón del país, donde haya alguien que ame tanto su lugar como para decir que es, como los chicos de este Tantanakuy, hijos de la Madre Tierra.