La había concebido como una obra efímera, valiéndose de dos íconos del balneario, la figura de los lobos marinos que esculpió José Fioravanti en los años 40 en la Bristol y los clásicos alfajores. El esqueleto del lobo lo vistió con envoltorios de Havanna (la firma donó la obra) en septiembre: entre turistas y locales lo pelaron y hasta el domingo unos quince mil papelitos habían sido canjeados por verdaderos alfajores.

Por la resonancia que obtuvo en la puerta del museo el último verano, en la zona norte de Mar del Plata, se supo cuál iba a ser su destino: “la eternidad”, según la artista. Ahora la piel es de metal.

“Sin público no tendría sentido. Yo lo defino como arte efímero, arte participativo y arte eterno”, dijo la artista el domingo en el bullicio del festejo por la nueva piel del lobo. Minujin señaló cómo cuidarlo: “Con agua. Hay que sacarle la sal con una manguera a presión ”. El lobo ahora también luce dorado, peor ya no está cubierto de alfajorcitos de aluminio. Manteniéndolo, habrá que hacerle retoques en veinte años.

Le llevará un tiempo desbancar a los lobos de la rambla, aunque el del MAR tiende a convertirse en el rey de las selfies. Siempre se ve a alguien fotografiándose al pie del lobo brillante. “Es el ícono cultural de la Mar del Plata del siglo XXI”, arriesga su creadora, que ya tiene planes para 2015: hará intervenciones urbanas, la próxima será en la zona sur. “Bien minujiana” –anunció Jorge Telerman, responsable de Cultura de la provincia de Buenos Aires–, la nueva obra será de cristal.