Texto: Leandro Vesco / Fotos: Gentileza Guadalupe Reguera

Es de noche, al costado de la ruta se ve una antigua construcción. Unas lámparas iluminan la entrada y por las ventanas se ve la reja frente al viejo mostrador. Estamos en la Pulpería “El Sesenta”, aquí un grupo de jóvenes han decidido recuperar este espacio para hacer peñas con el sentido de mantener viva las tradiciones folclóricas, en Saavedra dejó de pasar el tren, dejaron de suceder muchas cosas, pero al fondo de la ruta la pulpería es un faro que enciende las risas y el canto.

Saavedra es apreciada por su paisaje, las sierras están al alcance de la mano, y sus caminos son escénicos. Es una localidad de poco más de 2000 habitantes, fue fundada en 1888 y fue cabecera del Distrito, en sus orígenes se la conoció como Alfalfa, por el nombre de la estación de tren. Siempre fue un pueblo lindo. Cuna de colonos, sus tierras conocieron las manos de los inmigrantes, españoles, vascos, italianos e ingleses que se afincaron en esta huella del camino a los pies de la serranía de Cura Malal.

Guadalupe Reguera y Cecilia Moro tuvieron una idea, son dos mujeres jóvenes que estudian y bailan danzas folclóricas. Hace 14 años Sandra Herrero, Lucas y Adrián Sevedio decidieron restaurar una vieja tapera y pidiendo donaciones la acomodaron como pulpería. “Queríamos rescatar el lugar y devolverle la vida, la pulpería siempre fue un lugar de reunión, así que como no había ninguna en Saavedra, decidimos hacerla”, afirma y detalla cómo fue el principio del sueño Sandra. La pulpería se abrió para celebrar los 60 años de la Asociación Rural de Saavedra. Algunos años después, Guadalupe y Cecilia tomaron la posta y le dieron un nuevo impulso al espacio: con un fuerte espíritu tradicionalista realizan peñas que convocan a los jóvenes de la región.

La pulpería “El Sesenta” pudo haber sido un bar, una cantina o un centro cultural, sin embargo, este grupo eligió la pulpería, un lugar que reúne a la juventud de esta parte de las sierras y de atrás de ellas. “Cuando hacemos las peñas hay gente que hace cientos de kilómetros para no perderse la noche en la pulpería”, acota Cecilia. El servicio es simple y contundente: aprovechando las habilidades y los productos del pueblo, sirven empandas, picadas y choripanes. No hay lugar para resistirse al jamón crudo casero de Saavedra, ni al chorizo seco. “La importancia social que tiene esta pulpería es que vienen jóvenes, nuestros amigos y amigos de amigos. Hay micrófono abierto en la peña, bailamos y sentimos que participan de lo nuestro”, reconoce con orgullo Guadalupe. Lo nuestro es amplio e importante, revalorizar una pulpería es un proyecto que proclama sentir los más puros sentimientos argentinos.

Saavedra tiene una cárcel que le cambió la vida al pueblo, el tren hace algunas semanas dejó de pasar por las vías que han significado tanto, y que conectaban al pueblo con Bahía Blanca y Buenos Aires. Es una localidad de contrastes, pero sobresale el paisaje y la calma, tiene todos los elementos para poder abrirse al turismo rural, en el Distrito el INTA trabaja exitosamente, logró hacer una red de emprendedores que potencian el entorno y las cualidades de cada una de las familias rurales que trabajan para recuperar sus pueblos. La Pulpería “El 60” todavía no entra en esta red, pero está en eso.

El frío baja de las sierras y se clava en la piel cuando salgo para ver las estrellas, tan nítidas y claras en esta parte del mapa bonaerense. Un motor de un camión se oye a lo lejos. Un perro recuerda que debe ladrar para acompañar a la noche. La imagen no puede ser más contenedora: la luz que se proyecta por las ventanas nos muestra una mesa donde hombres y mujeres están incubando un sueño que hoy está creciendo. La columna de humo que sale del techo nos llama, la salamandra es amiga y es fiel abrazo. La Pulpería “El Sesenta” es una luz a un costado de la ruta. Está abierta, y las risas y la música que se oyen nos aseguran que nada podría estar mejor: hay pulpería en Saavedra. La tradición está viva.

Cómo llegar: