Tierra del Fuego comparte nuestro mapa pero la realidad de la isla es completamente diferente al resto del país. Tanto es así que pareciera ser otra nación dentro de la nuestra. Cuando en el resto de la Argentina los niños concurren a la escuela dasde los primeros días de marzo, en Tierra del Fuego aún no han comenzado las clases.

¿Cómo asegurar la educación de los niños? ¿Cómo enseñarles sin la asistencia de una docente, y mejor: cómo reafirmarle que su derecho es la eduacación dentro de una sociedad en la que ese derecho no es tenido en cuenta?

“Por suerte no es mi caso, pero conozco familias de Ushuaia donde los chicos han comenzado a enfermarse: no pueden dormir, tienen hiperactividad o empezaron a hacerse pis en la cama“, cuenta Andrea Ybarra, madre de dos chicos que concurren a segundo y cuarto grado de una escuela pública de la capital fueguina.

Sin la escuela, los chicos tienen menos espacios de descarga emocional. Lo que hace la escuela es metabolizar esa energía y guiarla en un sentido. Y toda energía que no es bien conducida puede derivar en enfermedades”, reflexiona la psicóloga Patricia Caporalín, que ya trató en su consultorio este tipo de problemáticas.

Según la misma especialista, la prolongación del conflicto docente y siempre dependiendo de la edad de cada chico, esta situación puede generar una falta de contención, con independencia de la que reciban en la casa.

“Si se trata de chicos más pequeños puede que no logren la estabilidad emocional. Lo que nosotros definimos como salida exogámica, porque los chicos se quedan con las conflictivas familiares y no pueden salir a descubrir el mundo que, a esa edad, se descubre por la escuela”, explicó la especialista.

Marisa Guerrero, madre de un alumno que concurre a la escuela 9 de Ushuaia, una de las peores complicaciones es la “incertidumbre de no saber cuándo habrá clases y tener que llamar todo el tiempo para averiguar, sin que se pueda retomar nunca la organización familiar. Hay situaciones difíciles. El otro día pasamos por la puerta de la escuela y había chicos entrando a grados que sí tenían clases. Mi hijo se dio vuelta y me dijo “mamá, no me trajiste”, contó Guerrero. Los chicos quieren ir a la escuela, esto es lo que se les pasa por alto a los responsables de dar una solución a este conflicto que lleva ya 71 días sin resolver.

Nicolás Lavia, padre de dos chicos, uno en jardín de infantes y otro en escuela primaria, atravesó una situación similar. “Lo más difícil fue explicarle al más chico cuando la hermana empezó el colegio y él no. Tuvimos que decirle que ya le iba a tocar, que tuviera paciencia, pero igual nos pide ir, quiere empezar el jardín”, señaló Lavia. La rutina familiar es la que se ve más afecta. 

El origen del conflicto comenzó a gestarse a principios de enero cuando la legislatura sancionó un paquete de leyes que reformó el sistema jubilatorio, y se estableció la emergencia previsional. En un primer momento los gremios estatales se unieron y luego tomaron caminos distintos. El desgaste del conflicto obligó a algunos a negociar con el gobierno, pero otros, como el docente (SUTEF) continúan con un paro por tiempo indeterminado con acampe frente a la casa de gobierno.

Esto hace que la actividad escolar sea complicada. Hoy hay 3680 chicos que aún no conocen a sus maestras, el conflicto se siente más en Ushuaia que en Río Grande . “Uno se las va ingeniando. Nos hemos reunido en quinchos para hacer talleres, o para repasar las tareas de cuadernillos que quedaron sin completar del año pasado”, comenta un padre.

Un padre reconoció que al principio de la huelga “a los chicos no les importaba mucho, era como una extensión de las vacaciones, pero después la situación cambió. El otro día, mi hija mayor me dijo que extrañaba la escuela”

El derecho a la educación es innegable para los niños, tanto los gremios como el estado deben entender que sin educación no hay futuro posible.