Encerrado en su cárcel mendocina, lejos de su hábitat natural, finalmente luego de varias semanas de sufrimiento murió el Oso Arturo, el último oso polar en cautiverio de Argentina. Para Greenpeace este deceso debe “marcar el fin de los animales en cautiverio para fines comerciales”

No se trata de una muerte más, con la pérdida del Oso Arturo el Zoo de Mendoza suma otro animal a los más de cien que ya han perdido la vida en los últimos dos años. Se trata de una de las Intituciones más cuestionadas de nuestro país. Las muertes han ocurrido en circunstancias que aún no han podido determinarse, pero sì se ha comprobado que el pasto que comìan algunas especies tenia rastros de agrotóxicos. A esto hay que sumarle un trasfondo político que ha tomado protagonismo y que ha enfrentado a las autoridades del zoo contra sus empleados, esta disputa traspasó un limite cuando un hipopótamo fue hallado con una herida de bala.

La muerte del Oso Arturo ya se preveía, hacía semanas que había entrado en un proceso de decaimiento y perdida de apetito. Su cautiverio y la vida que llevó en el zoológico seguramente han tenido mucho que ver para que este ejemplar terminara sus días en su jaula refrigerada.

Los funcionarios de la Secretarìa de Ambiente y Ordenamiento Territorial, junto con un equipo integrado por la Unidad Fiscal de Medio Ambiente de la Nación y los veterinarios del Zoo acompañaron al oso en sus últimas horas. También intervineron especialistas de la Fundación Temaikén, quienes decidieron sedar al oso para poder hacerle diversos estudios y determinar mejor su estado. 

Para Eduardo Francisco, veterinario de la Fundación Temaikén, el oso se hallaba deprimido. Los 22 años que vivió en esa jaula que habitó hasta este domingo fueron muy duros para este animal acostumbrado a los fríos polares, debiendo soportar varios veranos con temperaturas mayores a 40 grados hasta que las autoridades, presionadas por la campaña de una asociación proteccionista, tuvieron que ampliarle la pileta e instalarle un aire acondicionado.

“Hubo que hacer una guardia nocturna para monitorearlo de cerca y evaluar su recuperación porque estaba muy deprimido, las anestecias siempre tienen riesgo y más en animales de esta edad”, explicó Francisco. 

El Oso Arturo, y su triste historia en el Zoo de Mendoza, fueron centro de una campaña que trascendió Mendoza. Gabriel Flores, un mendocino miembro de la ONG Ecológicos Unidos lanzó un petitorio para trasladar al oso a Canandá, a un santuario natural donde existe un habitat más adecuado, con temperaturas mucho menores. Hasta Greenpeace se hizo eco de esta petición, logrando juntar 420.000 firmas de todo el mundo. Sin embargo, el oso no llegó nunca a poder ver otra realidad que la de su jaula en el Zoo de Mendoza.

Arturo fue un caso wwwigo. Esperamos que sea el último oso polar retenido en un zoológico de nuestro país, y que su caso obligue a las autoridades a rever la situación de las demas especies exóticas que sobreviven en su misma situación“, comunicó Soledad Sede, del equipo de Campañas de Greenpeace.

La muerte del oso Arturo refleja el pésimo estado en el que deben vivir especies exóticas encerradas en los distintos zoológicos del país. Un paradigma debe cambiar, quizás ayude la noticia del cierre del Zoo de Buenos Aires, que se convertirá en un Ecoparque. La conservación y el binestar animal deben estar por encima de los interés comerciales.