La policía y agentes medioambientales tailandeses descubrieron el pasado lunes 30 de mayo los cadáveres de 40 crías de tigre dentro de un congelador en un templo budista de la ciudad de Kanchanaburi, entre otros restos de animales.

El lugar, conocido como el Templo del Tigre, es una popular atracción turística que ahora se mantiene cerrada al público. Gracias al turismo, el templo obtenía ingresos equivalentes a 3 millones de dólares anuales, según National Geographic.

La investigación se realizó debido a las denuncias sobre maltratos y abusos a estos animales, que eran golpeados y cuidados en precarias condiciones alimenticias y veterinarias. Las autoridades lograron rescatar a numerosos tigres vivos que permanecían cautivos en el recinto.

Entre los animales muertos se hallaron varios microchips implantados para su registro por el Gobierno de Tailandia, lo que hace sospechar que muchos de estos tigres fueron robados. Los monjes del templo niegan las acusaciones de tráfico de animales, maltrato y de robo que pesan sobre ellos. Mientras tanto, las autoridades trabajan por esclarecer por qué los religiosos conservaban a los cachorros muertos.

El tráfico ilegal de tigres es un grave problema del sureste de Asia, donde muchos animales exóticos son vendidos por sus pieles, carne, garras y huesos para diversos usos. Los tigres son una especie en peligro de extinción, quedando a día de hoy apenas unos 3.200 en todo el mundo.