Suele ocurrir que los aceites vegetales usados (AVU), luego de la preparación de los alimentos, se viertan por el fregadero, para terminar en los ríos, lagos y mares como residuos extremadamente contaminantes. A partir de esta problemática, los municipios de Malvinas Argentinas y San Martín, de la provincia de Buenos Aires, así como emprendimientos privados, están produciendo biodiésel de aceite vegetal usado que recolectan de bares, restaurantes y casas de comida, entre otros, para luego utilizarlo en sus propias flotas municipales. El Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) tomó nota de esta iniciativa y ya trabaja en la implementación de un proceso de certificación de ese producto para medir la calidad del biodiésel AVU. Hecho con semillas de plantas oleaginosas, el biodiésel presenta importantes beneficios ambientales. Su uso reduce aproximadamente un 80 por ciento las emisiones de anhídrido carbónico, y además proporciona significativas reducciones en la emanación de partículas y de monóxido de carbono.
Los técnicos del INTI Gabriel Rodríguez y Matías Ribeiro, quienes pertenecen al programa Unidades Productivas Tipo (UPT) en conjunto con otras áreas del INTI, elaboraron los parámetros de la certificación a partir de normas internacionales y de análisis realizados en más de dos años de trabajo sobre el biodiésel AVU destinado al transporte pesado de municipios y cooperativas. El proceso de certificación está abierto a todos los usuarios que deseen asegurar la calidad de su producto por iniciativa propia, a través de su análisis y de auditorías al sistema productivo de la planta. La certificación del biodiésel AVU asegura la calidad del producto para su utilización en vehículos de trabajo como: flotas municipales, maquinarias agrícolas y transporte público, y está destinada a pequeñas plantas para autoconsumo, con un volumen máximo de 30 m3/día (metros cúbicos por día) de producción de biodiésel AVU, con un limitante máximo de volumen de reactor de 2,7m3. Además, se busca impedir la reutilización del aceite usado para consumo humano. De esta manera, se busca determinar especificaciones de calidad del combustible en el marco normativo del “Reglamento técnico de plantas de biodiésel a partir de AVU”, donde convergen normas de producto, métodos de ensayo y la experiencia de campo acumulada por el INTI. El reglamento también plantea indicadores para un mejor rendimiento del proceso productivo, reduciendo el volumen de materias primas y minimizando el impacto ambiental.

Aceitoso. En el 2008, el programa Unidades Productivas Tipo del INTI comenzó a promover la producción de biodiésel para autoconsumo, incentivando el reciclado del aceite vegetal usado en hogares, restaurantes, comedores, rosticerías y locales de comidas rápidas, entre otros. Además, se desarrolló el diseño de un módulo de producción de 400 litros por día de biodiésel AVU, con posibilidad de ampliación de ese volumen. El rendimiento del proceso de producción es cercano al 90-95 por ciento, es decir que del 100 por ciento del aceite que se recolecta, el 90-95 por ciento se logra convertir en biodiésel, esto puede variar en función de la composición en triglicéridos (que depende de cada aceite), del uso de cada aceite y del proceso de fabricación.
En cada producción se utilizan 50 litros de alcohol metílico de grado industrial y aproximadamente 1.800 gramos de hidróxido de sodio (grado industrial), 770 gramos de ácido fosfórico, y 180 litros de agua. Los equipos de la planta trabajan a presión atmosférica, y la temperatura de trabajo más elevada es de 130 ºC. Los técnicos del INTI recomiendan para la instalación de la planta de producción contar con un espacio cerrado (mínimo 90 m2) con techo tinglado contiguo de espacios amplios al aire libre para luego determinar en profundidad la viabilidad de la instalación de la planta allí.

Participación urbana. Los municipios de Malvinas Argentinas y San Martín ya cuentan con plantas de producción de biodiésel a partir de AVU. Ambos recogen el AVU en los bares y en casas de comida de sus jurisdicciones con vehículos especiales. “Además, los vecinos disponen de lugares determinados como escuelas y sociedades de fomento en donde pueden acercar el aceite que ya no utilizan, y que luego el municipio se encarga de la recolección para trasladarlo a sus plantas”, dice Matías Ribeiro. Pero hay más: “Es importante que la fabricación de biodiésel a partir de aceite usado sea una solución para el mismo, y lo lleve a cabo el municipio. De esta manera, no se descuida el medioambiente y no se transforma en un negocio en el cual se pierde el objetivo central de prevenir que el aceite usado caiga a las napas y a las cloacas”, agrega.
Las plantas de biodiésel en Malvinas Argentinas y en San Martín se construyeron con el objetivo de proteger el cuidado del medioambiente y para la producción de energías alternativas. Dos interesantes movimientos que involucran a las comunidades mirando al futuro