Entre sus brazos, Lorenzo se rebela con llantos por la desatención de su padre respondiendo preguntas. Mientras hamaca a su hijo para convencerlo de que no pasa nada grave, advierte: “Este no quiere saber nada. Le hago upa, vos seguí preguntando”.
Ubicado por la crítica entre los músicos de tango más sobresalientes de la última década, el santafesino Ramiro Gallo -que entre 1997 y 2005 integró el grupo “El Arranque” como primer violín y arreglador- lleva la docencia en la piel. Es que además de ser músico y compositor, Ramiro es profesor y padre primerizo. Toca el violín desde los cinco años, y paseó por diversos géneros, como el jazz, la música clásica y el rock. “Sabía que quería ser músico, pero no sabía qué música hacer”, confiesa.
Como si se tratara de un ensayo previo a la llegada de sus alumnos, explica con rigor académico los sucesos que cambiaron al tango. Gallo grabó “Arte Popular”, una de las obras más frescas que entregó el género en los últimos años. Allí se luce como un compositor brillante con una de las canciones más bellas que se hayan escuchado entre los creadores locales, del género que se les ocurra, en los últimos años. “Sin pétalos” parece salido del mundo “spinettiano” (Al irte de mí/llevaste la luz. Quise comprender. Crucifiqué el amor/te lo negué. Hoy todo es absurdo y sin valor). Sin embargo, desmitifica la creación con una anécdota. “La situación en que la hice no habla bien de mí como compositor: la escribí medio mamado, una noche que me desperté sobresaltado. La segunda parte la soñé y la reproduje tal cual”. se ríe de su letra.
-¿Cuántos músicos componen la Orquesta Arquetípica con que grabaste el disco?
-Somos catorce. Hay cuatro violines, cuatro bandoneones, viola, cello, guitarra eléctrica, piano y contrabajo.
-¿Hay diferencias sustanciales entre arreglar para un sexteto a una orquesta típica?
-No. Espero hacerme entender con la respuesta y que no sea una clase de arreglos. Concibo la música como un discurso. Para que llegue al oyente de manera clara, no importa la cantidad de músicos que haya. Lo que no debe cambiar entre un trío o una orquesta de 120 músicos es la estructura del discurso musical. Hay que evitar la superpoblación de ideas sonando simultáneamente. No deben sonar más de tres instrumentos a la vez. Eso lo respeto tanto si arreglo para un trío, como para una orquesta. La diferencia se presenta en la masa sonora y en que la orquesta es una agrupación menos ágil. La escritura debe ser más sencilla.
-¿Cuánto tardaste en producirlo?
-Terminamos el disco en octubre del año pasado y lo presentamos en diciembre. Si sumo el tiempo de trabajo es mucho. Fue un proceso muy largo. Lo primero que grabamos fue en 2007. Son las cuatro canciones que están al final de “Arte Popular”, pero pertenecen a otro trabajo que se llamó “Proyecto Tango”: una obra por encargo que produje hace cinco años para un edición del Festival Internacional de Tango de la Ciudad. Diseñaron un espacio al que bautizaron “Creadores 2006”. En aquel festival, seis compositores fuimos convocados para estrenar obras dentro del encuentro. Yo compuse la obra “Proyecto Tango”. Al año siguiente la grabamos, y ese registro no fue parte de ningún disco hasta la llegada de “Arte Popular”. Por aquel entonces no tenía la idea de formar una orquesta permanente. Pero luego de la primera experiencia con orquesta en 2006, pensé en seguir. La tenía armada, me gustó hacerla y seguimos. Desde 2001 tenía ganas. Al año siguiente de grabar “Proyecto Tango” grabamos el resto del repertorio que integra el disco “Arte Popular”. Y en 2008 y 2009 grabamos lo que quedaba. Al mismo tiempo, grabé dos discos con el quinteto, uno de ellos era “Azul Ciudad”, y mientras mezclaba la “Suite Borgeana”, un álbum grabado en vivo con un septeto y la Jazz Ensamble. La grabación de estos discos relegó la terminación de “Arte Popular” para 2010.

La lengua popular. “El éxito en los años 40 y 50 mató al tango”, dijo desde el escenario Acho Estol, guitarrista de La Chicana, en una afirmación salida de una trifulca de arrabal. “Mientras exista un solo disco de Carlos Gardel sobre la faz de la tierra, todos los cantores van a estar muertos.” La apocalíptica frase se le atribuyó a Pichuco Troilo y la cita Alfredo Piro, hijo de Osvaldo y Susana Rinaldi, que llegó al tango después de militar en las filas del rock. Chino Laborde (Orquesta Típica Fernández Fierro) conoce bien el rock y tiene una explicación para la escasez de composiciones jóvenes: “Los mejores tangos de los últimos treinta años fueron grabados en el rock por Luis Alberto Spinetta, Charly García o Fito Páez”. Laborde también ha expresado su opinión sobre Calamaro: “Si sigue en esta vía, dentro de unos años va a haber gente que cante el tango a lo Calamaro, porque canta de una manera minimalista. Al tango le sirve, daño no le va a hacer”. Una lengua muerta es aquella que ha perdido sus hablantes; que ha perdido, por así decirlo, el uso de la palabra. “Lo que pasó en el tango, aunque también en otros géneros populares, es un quiebre. Se impuso una cultura global, que es una línea bajada desde las compañías multinacionales que hegemonizan el mercado musical. A partir de la aparición del disco, la música cambió el foco de la atención musical. Escuchar música no dependía exclusivamente del artista en vivo sino de la música envasada. Eso lo capitalizó, valga la cacofonía, los grandes capitales. Se reemplazó un sonido por otro que venía de afuera. Se puede decir que el tango cayó en la década de los 50 y esa caída se acentuó en los 70. Un tipo como José “Pepe” Libertella, gran bandoneonista y arreglador (uno de los directores del Sexteto Mayor se dedicó en esa época a vender pianos).
-¿Por qué tenemos que escuchar tango?
-Porque es nuestro lenguaje, vos podés saber muchos idiomas, pero si hablás castellano va a ser mejor. Si es argentino, mucho mejor. Mirá: un día escuché a Egberto Gismonti y dije, “quiero hacer eso”. Luego me di cuenta de que él tocaba música tradicional de su país, con una exigencia superior. Esa combinación me gustó. Un día con unos amigos armamos un trío con el que hacíamos folklore, música argentina, latinoamericana y tangos. Por una razón que nunca supimos explicar, el tango sonaba mejor en el grupo. En otros géneros nos costaba más encontrar la nota. Acá había conexión; el tango salía solo. Es como los idiomas, hablamos en el que quieras, pero con la lengua que hablan alrededor tuyo te entienden mejor. El tango es el yuyo que creció solo.