Por: Leandro Vesco. Presidente Asociación Civil Proyecto Pulpería.
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Erize es un paraje de fábula rural, con una calle asfaltada que hechiza y que se halla extraviada dentro de este solar puanense y que además le da un prestigio que lo diferencia de otros parajes, con 17 habitantes y una colección de casonas destruidas que evidencian un pasado de gloria, incluyendo la estación de tren, víctima de un incendio que la evaporó en horas, Erize es un punto en el mapa, un punto que en algunos mapas no aparece.

 

Se entra y se sale de Erize en menos de dos minutos en primera y con un auto usado. Pero Erize tiene la magia de lo que fue y de lo que puede volver a ser, de su pasado con una población cercana al millar, con hotel, almacenes, talleres, casas de lujo y gente que iba y venía. Hoy, sus pocos habitantes viven de cara a la emblemática calle asfaltada y allí pasan los días, debajo de un cielo azul salpicado de sábanas tenues de nubes pampeanas, oyendo motores de camiones que circulan en los silos que aún trabajan detrás de las vías de un tren muerto, el escenario lo completa una laguna de ensueño a pocos metros del caserío y la compañía de árboles añosos que le dan sombra a este pueblo que atrapa y fascina. Si existe un lugar tranquilo y aislado en el mundo, ese es Erize. Y allí fuimos.

 

El trabajo que nos propusimos fue inmenso porque el abandono era y es grande, duele caminar por estas comunidades sabiendo que se gastan fortunas en publicidad o en actos, o en nada. Es que con tan poco se podría cambiar la realidad de estos pueblos. Quisimos hacer algo para detener este desproceso. Sentar una base sobre la cual se produzca la detención del éxodo y el aislamiento. Pensamos que Erize era el sitio ideal para hacer realidad nuestro programa cultural basado en la creación de Bibliotecas Comunitarias, espacios rurales para la contención y la divulgación de la cultura. El proceso hasta la concreción de la Biblioteca tardó algunos meses pero teniendo en cuenta que hace tantas décadas que nadie ha hecho nada la espera resultó poca.

 

El primer paso fue oír a los vecinos del pueblo. Nos comunicamos desde un principio con Mónica Elizondo, ella junto a Norma Arzani, María de las Mercedes Flores, María Fernanda Peralta y Cintia Ruppel, pobladoras y verdaderas pioneras en el resurgimiento del pueblo, decidieron tomar la iniciativa y plantearnos las necesidades de su “querido Erize”, así llaman al pueblo, como si se tratase de un familiar cercano. La idea de la Biblioteca resultó perfecta, además de una vieja aspiración de ellas. “Nadie nos toma en serio, pero nosotras vamos para adelante”, desafía Mónica escoltada por mujeres valientes y decididas.

 

Para entender mejor el panorama de Erize es necesario retroceder  en el tiempo y, en perspectiva, ver hoy la cruda realidad que atraviesa el poblado. Realidad común a cientos de parajes que hoy sobreviven a duras penas, víctimas finales del cierre de los ramales ferroviarios y del progreso. En 1873 Juan Erize llegó de Francia, escapando del hambre español. Como tantos inmigrantes, buscaron su camino y el de Juan resultó en Castelar, un poblado que se estaba gestando a pocos metros de lo que hoy es Erize. Allí levantó “La Posta de Erize”, un almacén de ramos generales que se convirtió pronto en el eje de la actividad comercial y social de toda la región, hizo fortuna porque se llevaba bien con los indios –que asolaban la región- y con la paisanada.  Pronto aquel lugar perdido en la pampa bonaerense, sobre la Zanja de Alsina, le resultó chico y se fue a Bahía Blanca, su hermano Francisco se hizo cargo del almacén, al tiempo que compró 300 hectáreas en el espacio donde el Ferrocarril del Sud planeaba hacer una estación del ramal que iba a unir 25 de Mayo con Saavedra. El 17 de abril de 1899 –día que se toma como nacimiento de Erize- se inaugura la estación al tiempo que Francisco traslada su Posta en donde hoy se halla emplazado el pueblo que lleva su apellido y que llegó a tener mil habitantes y un movimiento comercial sin igual. Llegamos entonces a nuestros días, los restos de aquel Erize hoy se pueden ver en construcciones señoriales que permanecen en pie, sin techo, en ruinas pero de pie, como si fueran mudas y orgullosas wwwigos de aquellos años. El paraje hoy está aislado, llegar hasta él implica transitar un camino por lo menos peligroso, sin señalización, sólo apto para baqueanos.

 

Los días de lluvia se vuelve intransitable. Al entrar en contacto con sus habitantes, oímos sus principales pedidos: mejora de los caminos, señalización y quizás el ruego mayor: un teléfono público que permita a los habitantes el estar comunicados. Hoy existe un aparato en la Delegación, pero por esas cosas tan entendibles en nuestro país, con bloqueo para realizar llamadas, al menos ahora ya no deberán hacer 20 Km. para sacar una fotocopia, ellos ya cuentan con una en la flamante biblioteca, como así también computadoras allí y en la escuela.

 

Los 17 habitantes de Erize merecen vivir mejor, y a pesar de que la situación es difícil, las “instituciones” que resisten mantienen unido al paraje, la tozudez de las enfermeras de la sala de primeros auxilios, la directora y docentes de la centenaria Escuela N°5 que no ha cesado de dar luz y educación desde 1906, la pequeña Capilla manejada con humana sensibilidad por el inefable padre Roque, un cura como los de antes que es número fijo en cuanta reunión se hace, y el viejo Club Social, tesoro inmaculado en medio de la pampa, en donde se hacen bailes para juntar fondos para realizar diversas acciones para mejoras del pueblo.

 

Son pocos seres humanos allí, pero buenos, y fuertes y solidarios los que mantienen a Erize de pie. El pueblo son sus habitantes.

 

Nuestra campaña nacional se inició en mayo y terminó en noviembre. El objetivo era montar la biblioteca, ayudar a la escuela y darle una mano al Club, objetivos que se cumplieron no sin poco esfuerzo. En el medio, un sinfín de obstáculos, propios de una movida que no estaba apadrinada por ningún partido ni color político. El sueño era hacer una biblioteca, en tiempos de wi fi y de Smart Phones en un pueblo que muchos ya dan por muerto.

 

La recuperación hoy es un hecho y una esperanza. Llegamos temprano de la mano de Mónica Elizondo, suerte de delegada extra oficial que todo lo hace y lo lleva a cabo. Las donaciones habían venido desde Buenos Aires hasta Carhué y desde allí, hasta Erize. La cadena solidaria estuvo intacta. El acto se llevó a cabo en el mencionado Club Social y Deportivo, que estaba vestido de gala.

 

El pueblo y su legendaria calle asfaltada de pronto aquel día tuvieron autos, como antes. Logramos que fuera el Intendente, Facundo Castelli, un hombre joven y bien predispuesto, a quien vimos interesado por seguir trabajando a favor de los pequeños pueblos de su Partido, lo acompañó la directora de Cultura Laura Juri, y luego, nosotros y los pobladores de Erize. La ceremonia fue inolvidable, sencilla y emocionante y, se puede resumir en pocas palabras: en Erize un día volvió a caminar gente, a oírse risas, la vida se despertó con un sinfín de proyectos que ahora esperan ser hechos realidad. Erize es hoy noticia en todo el país, un pueblo de 17 habitantes logró tener su biblioteca comunitaria, se trató, lo sabemos muy bien, de toda una cruzada. Cientos de libros están esperando ser abiertos por aquellos argentinos que permanecen contra viento y marea en su lugar en el mundo. Erize, podemos asegurar hoy más que nunca, goza de buena salud. Y sueña por más.