Por Gustavo Hierro

Eso le preguntó El Federal a un referente de los productores de carne aviar de la Argentina, el presidente del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA).

-¿Es cierto que los pollos tienen hormonas?
-Siempre se dice eso, pero no hay nada de cierto, porque no hay hormonas en los pollos. 
-¿Es todo un mito, entonces?
-No, no. El mito tiene su fundamento. Si entra en la página nuestra (www.aviculturaargentina.com.ar), ahí está aclarado por qué nace este mito como consecuencia del uso de hormonas. Lo que es increíble es que esas hormonas se usaron exclusivamente en pollos de campo. Es decir, éste fue un pollo distinto, que nace en la década de 1950 y a partir de la cual se desarrolla la avicultura industrial. Pero anteriormente los pollos eran gallitos. Es lo mismo que el toro o el novillo, nada más que al novillo, se lo castra. ¿No es cierto? Al pollo se lo castraba quirúrgicamente, pero resulta que como hay que hacer una incisión en el lomo para extraer los wwwículos consecuencia que son animales con desarrollo sexual, entonces ésto automáticamente convertía que las mortandades llegaban al 30-40 por ciento. Se realizó un proceso por el cual a los pollos se le ponía wwwosterona de liberación lenta en el cuello, y se hacía una castración química. Es algo similar a la hormona que se utiliza actualmente en el bovino, pero es el famoso tema que tienen los Estados Unidos, que no podían exportar sus animales a la Unión Europea, y que ahora podrá hacerlo, pero con la denominación “Utilizan hormonas”. Porque el ganado bovino utiliza hormonas en paìses que lo autorizan. La Argentina no las autoriza, pero existen las hormonas. Aunque para el pollo, no existe.

El mercado

“El sector de la avicultura ha tenido un crecimiento espectacular, sustentado en un aumento importante del consumo interno y en una oportunidad muy bien tomada, en tiempo y en forma, para los mercados internacionales. Si hacemos la lectura, la escala de producción está en los dos millones de toneladas, con un consumo de mercado interno de alrededor de 40 kilos por habitante/año, y exportaciones que en 2013 se situaron en 370 mil toneladas”, dice Domenech.

-Recuerdo que cuando le hice las primeras notas, hace diez años, usted me daba un número que no llegaba ni a la mitad de esos valores de consumo. 
-Así es. Menos de la mitad, y con tendencia descendente además. Sin embargo, todo cambió. 
-¿Qué significan esos números en la producción actual? 
-Que el 83 por ciento va al mercado interno, y entre el 17 y 18 por ciento va a la exportación. La exportación está muy tranquila, con una oferta abundante de parte de Brasil y de Estados Unidos. Nosotros, igualmente, entre 2012 y 2013 hemos crecido un 12, 13 por ciento en exportación, pero lo hemos crecido fundamentalmente en los mercados latinoamericanos. Hemos crecido en Cuba, estamos equilibrados con Chile, y hemos crecido fuertemente en Venezuela, donde pasamos de enviar el 27 por ciento al 47 por ciento de los destinos. Actualmente se están volviendo a mover destinos en los cuales fue muy caro poder mantenerse, pero también hay que responder a los clientes, y si el mercado internacional está flojo, hay que acompañar al mercado internacional. 

-Y está el mercado interno.
-Claro. Lo que sí se evidencia, y venimos manifestando desde principios de 2013, es que el mercado interno está totalmente abastecido de carnes. Con un tema que no es menor: la carne bovina sigue recuperando parte de su stock, que tiene que ver con la sobreoferta que hay para el mercado interno de carnes en general. 

-¿Consumimos mucha carne?
-Estamos consumiendo entre 118 y 120 kilos por habitante/año. Son 63/64 kilos de carne bovina, 39/41 kilos de pollo, y 11/13 kilos de cerdo, aproximadamente. En consecuencia, no hay ninguna posibilidad de que falte carne, ni alguna de las carnes, en el mercado interno. El problema que nosotros vemos es que se siguen volcando al mercado interno las tres carnes, y esa sobreoferta, si no encontramos la manera de canalizarla en exportaciones, que es lo que corresponde, se va a volver contra la producción. Así como la carne bovina busca recuperar los mercados externos, ya que tiene sus razones por las cuáles se le dificulta el mercado internacional, hay que encontrar en la articulación público-privada el camino para que esas carnes puedan salir. En el caso nuestro, la mejora en el tipo de cambio nos reposiciona de nuevo en mercados que el año pasado no pudimos sostener como esperábamos. Y el cerdo todavía está esperando desarrollar el camino de la exportación. En ese contexto, lo que estamos viendo es que los precios en el mercado interno tienden a buscar canalizar un volumen superior a la posibilidad de consumo. 

-Hay un cuello de botella, parece.
-Tal cual. Y esto lleva a dos caminos: si no logramos canalizar fluidamente la exportación, inevitablemente habrá una liquidación en materia de stocks. Volveremos a repetir el círculo de caer a un piso, para luego recuperar la producción, luego volver a caer, y así sucesivamente. Esto es un perjuicio y un riesgo importante. Estamos en un momento especial para canalizar en exportaciones las tres carnes y para poder pensar seriamente que si entre este año y el que viene la ganadería comienza fuertemente a recuperar los mercados que tenía, quizás a fines de 2015 o 2016, entre la suma de las tres carnes podríamos estar hablando de exportaciones de 2.800 a 3 mil millones de dólares.

Para saber más, entrá a estar nota: ¿Qué pollos estamos comiendo?