Por Matilde Moyano

¿A quién se le podría ocurrir que a tan solo 20 minutos del centro de la ciudad de Mar del Plata haya un lugar encantador para pasar una estadía, pero que nada tenga que ver con la playa y el mar?

Con un paisaje de campo, con su arquitectura colonial que denota historia, y con sus delicados e inmensos jardines, la Estancia Santa Isabel nos envolvió en una atmósfera única que no tenía nada que envidiarle a los paisajes de arena y sol.

Descubrimos este lugar en el kilómetro 544 de la Ruta Provincial 11, a 7 kilómetros del mar, junto al Ente Municipal de Turismo de Mar del Plata (EMTUR), quien a través de la secretaría de Vialidad de la Nación y de un convenio con todos los estancieros de la zona buscan mejorar la ruta para facilitar el acceso.

Desde su creación en 1888, la Estancia Santa Isabel fue protagonista de los mejores años del campo argentino. Eduardo Martínez de Hoz fue quien la mandó a construir, y con su esposa brasileña Dulce Liberal, también de la alta sociedad, utilizaron la estancia como lugar de veraneo.

La familia Martínez de Hoz tuvo un papel protagónico en el posicionamiento de Chapadmalal (donde se encuentra la estancia principal) como zona agrícola ganadera de excelencia, e introdujeron al país innovaciones también en el ámbito de la crianza de caballos y en la agricultura.

Tras pasar a manos del sobrino de Eduardo Martínez de Hoz, la estancia comenzó a destinarse para el turismo y eventos. Los actuales dueños son los miembros de la familia Estrada, quienes realizaron diversas remodelaciones y nuevas obras, conservando el encanto de las mejores épocas, como por ejemplo un salón de recepciones, sala de billar, quincho y vestuarios, cancha de tenis y cava.

Algo importante de destacar es que transformaron una vieja chanchería de 1919 en una capilla, donde actualmente se realizan casamientos.

¿Con qué más puede sorprendernos Santa Isabel? Sus jardines conducen a un camino hacia el campo, donde nos encontramos con los viñedos de Costa & Pampa, la bodega experimental de Trapiche que también pudimos visitar.

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Fotos: Matilde Moyano