Algunos suelos cordobeses están contaminados con plomo, metal peligroso para la salud. Si bien este elemento se presenta en forma natural, en un gran porcentaje se debe a actividades humanas como las fundiciones, plantas de reciclado de baterías y los perdigones arrojados en la caza de palomas, y en algunos casos la concentración supera los límites establecidos para usos agrícolas, y hasta se detectó plomo en exceso (y por encima de lo que marca el Código Alimentario de Argentina) en los granos de soja y de trigo.

El plomo en el organismo puede provocar problemas neurológicos, cognitivos, renales y reproductivos. En cantidades muy bajas afecta, especialmente, a los niños.

“Debería estar en la agenda ambiental para evitar problemas graves en el futuro. Ningún metal, salvo el mercurio, tiene efectos tóxicos inmediatos, son acumulativos. Lo grave es que cuando se detecta ya es tarde”, apunta Luisa Pignata, investigadora del Conicet y de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).

Su grupo ha realizado varios estudios sobre metales pesados en la provincia. Primero los detectaron en el aire, luego en el suelo y, finalmente, en cultivos. Se dieron cuenta de que había que pensar en una solución.

Lo mismo ocurrió con un grupo del Centro de Excelencia en Productos y Proceso de Córdoba (Ceprocor) liderado por Marcelo Rubio, quienes midieron la concentración de plomo en cotos de caza de paloma y encontraron valores altos: “El promedio es de 90 partes por millón (ppm) en más de 300 muestras. Pero los valores más altos superan el límite máximo permitido en suelos para uso agrícola (375 ppm)” y agregó: “Puede ser preocupante si los cotos de caza no cumplen con la ley. Si no se actúa, ese promedio y esos picos irán aumentando”. 600 toneladas anuales de plomo quedan en suelo cordobés por la caza de paloma, según un cálculo de 2011.

La normativa que regula esta actividad indica que los cotos deben inscribirse como generadores de residuos peligrosos y deben remediar el suelo cuando se exceda el límite máximo.

A pesar de ser suelos agrícolas, la resolución provincial los categorizó como suelos industriales, con una concentración máxima de 1.000 ppm.

La mejor alternativa para extraer el plomo de las grandes superficies es la fitorremediación, que consiste en sembrar plantas para captar el contaminante del suelo y luego extraer esas plantas y, con ellas, el contaminante. 

Además, un estudio demostró que el plomo pasa del suelo a la soja, la cual tiene niveles por encima de lo que permite la norma. El grupo de Pignata analizó soja de 10 sitios de Córdoba (Bouwer, Despeñaderos, Ferreyra, General Cabrera, General Paz, Los Molinos, Malagueño, Pozo de Tigre, Río Tercero y Yocsina).