Investigadores del CONICET de diferentes instituciones estudian los ‘depósitos geotérmicos’ del Macizo del Deseado, provincia de Santa Cruz. Se trata de una fuente fundamental de información que ayuda a comprender de forma integral los procesos evolutivos y ecológicos que derivaron en la composición y funcionamiento de los ecosistemas actuales.

Existen pocos sitios paleontológicos que brindan la posibilidad única de realizar este tipo de estudios, un tipo de ellos son los ambientes geotérmicos. Como explica el investigador Juan Garcia Massini, los únicos depósitos geotérmicos fosilíferos Mesozoicos conocidos se distribuyen en la Formación La Matilde del Grupo Bahía Laura, de edad Jurásica media a tardía (hace 150-170 millones de años), en el Macizo del Deseado. Su estudio reciente empezó a proveer los primeros datos acerca de la biodiversidad e interacciones desarrolladas por miembros de las comunidades de plantas, animales, hongos, bacterias y protistas.

En los ambientes geotérmicos, mediante la fosilización instantánea, es posible un grado de preservación tal que permite hacer comparaciones de máxima precisión de las piezas fosilizadas con ejemplares actuales. Así, la preservación en estos ecosistemas integra los diferentes habitantes y su contexto en su disposición original.

El estudio de los diferentes componentes de los ecosistemas jurásicos de Patagonia representa una ventana única al pasado para incrementar el conocimiento de la composición y organización de una porción del mundo que se congeló y mantuvo intacto en rocas desde hace aproximadamente ciento cincuenta millones de años atrás y que recién ahora empezamos a revelar.