La mayoría de las costas rocosas de Argentina poseen organismos llamados “mejillines” que cubren el suelo, formando una densa capa debajo de la cual viven otros animales, que se benefician obteniendo refugio y alimento. Pero si bien los mejillines tienen una importancia fundamental en el ecosistema, son animales tan frágiles que con unas pocas pisadas pueden desprenderse del sustrato e incluso morir.

Investigadores asistentes del Instituto de Biología de Organismos Marinos (IBIOMAR-CONICET) realizaron el primer estudio en Argentina sobre el efecto que el trampling o pisoteo humano tiene sobre estos organismos en costas rocosas cercanas a la ciudad de Puerto Madryn en Chubut.

Punta Este es una playa que se encuentra alejada unos diez kilómetros del centro de Puerto Madryn y que los habitantes de la ciudad utilizan durante el verano. La zona intermareal de la playa que es el sector que queda al descubierto en el lapso de tiempo en que el mar se retira, es habitada por mejillines. Por ahí pueden llegar a caminar durante el verano 250 personas al día.

En los 9 meses posteriores a la temporada, periodo de inactividad de esa playa no hubo una recuperación completa en la cobertura de estos mejillines para volver a tapizar el sustrato que había quedado descubierto. Ahora estamos estimando el tiempo total que necesitan para recuperarse”, indicaron los investigadores.

Estudios realizados en otras localidades sugieren que organismos similares a los mejillines pueden tardar varios años en restablecerse luego de un disturbio como el pisoteo pero en la Argentina es la primera vez que se hace este tipo de trabajo y debe tenerse en cuenta las características de la costa y las condiciones de oleaje, viento y desecación de Patagonia, que no se repiten en otros sitios del mundo.

Esta investigación demuestra que el tiempo entre dos temporadas de verano no es suficiente para que estos animales puedan recuperar su abundancia natural. Si bien aún no sabemos exactamente cuánto tiempo necesitan para la recuperación, estamos trabajando para establecerlo”, asegura Mendez.

Los científicos ya han obtenido conclusiones: sí más de 50 personas pisan la zona de mejillines durante los primeros fines de semana del verano, se pierde más del 50 por ciento de la cobertura de estos organismos. “En los sectores a los que los visitantes no pueden acceder, la cobertura de estos animales alcanza un 95 por ciento de cobertura y se reduce drásticamente en las zonas que sí acceden”, indica Livore.

Según comentan los científicos, otro factor a considerar es la frecuencia o la repetición de pisadas sobre un mismo sitio. “En Punta Este, es habitual utilizar la plataforma rocosa como trampolín para ingresar al agua. Los visitantes repiten ese movimiento varias veces y eso afecta aún más la posibilidad de recupero que estas comunidades bentónicas tienen”, afirma Mendez.

El próximo paso para los investigadores es establecer con exactitud el número de personas que al caminar sobre los mejillines logra desprenderlos del sustrato, datos vinculados a las frecuencias de pisadas y el tiempo que tardan estos animales en restablecerse como población. Esta información podría resultar de utilidad para que las autoridades de manejo puedan implementar políticas tendientes a la protección de los invertebrados en las costas rocosas de Patagonia.