La exposición prolongada al arsénico a través del consumo de agua y alimentos contaminados puede causar cáncer y lesiones cutáneas. También se asocia a problemas de desarrollo, enfermedades cardiovasculares, neurotoxicidad y diabetes.

Dos estudiantes de Ingeniería Ambiental de la Universidad Católica Argentina (UCA) desarrollaron un dispositivo capaz de reducir la cantidad de arsénico en el agua.

Alejandro Moschetto (25) y Andrea Gavarini (27) idearon un sistema que ya fue instalado en una escuela rural de Balcarce, que logra llevar los niveles de arsénico en el agua a los recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que establece que el límite máximo son diez partes por millón en el agua de consumo.

Los estudiantes indicaron que en la provincia de Buenos Aires “estamos un poco por arriba, ya que hay una ley, que todavía está vigente, que permite el máximo que es cinco veces mayor a lo que recomienda la OMS”.

El dispositivo actúa por medio de una barra de hierro, que da corriente y genera el componente que captura el arsénico.

El hidroarsenicismo crónico regional endémico (Hacre) es una patología que afecta especialmente a habitantes del norte argentino, incluidas las provincias de Santiago del Estero y Chaco, como consecuencia de la ingestión de agua de pozo con contenidos de arsénico superiores a las máximas compatibles con el criterio de potabilidad.

El arsénico está presente en la estructura del suelo, por lo que quienes no tienen agua de un río o un arroyo tienen que hacer un pozo, de donde sale agua contaminada con arsénico y otros metales pesados.

El color y sabor del agua no cambia cuando está contaminada con arsénico, pero la presencia de este puede causar graves daños a la salud: Diarreas y deshidratación, parasitosis, cólera, HACRE (Hidroarsenicismo Crónico Regional Endémico), entre otras enfermedades.