Jóvenes santiagueños estudiantes de la carrera de Ingeniería Industrial en la Universidad Católica de Córdoba idearon un sistema para eliminar arsénico del agua. Este sistema fue implementado en San José del Boquerón.

El proyecto fue seleccionado para ser expuesto en el VIII Congreso de Ingeniería Industrial de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) que se realizará del 12 al 15 de noviembre. El responsable del proyecto es Guillermo Blasón y los dos alumnos de Ingeniería Industrial son Guillermo Kozameh, de 24 años, y Pablo Guanca, de 26, quienes trabajan también para concientizar a la población sobre las enfermedades que ocasiona consumir agua contaminada.

El equipo explicó que en la zona de santiago las dos primeras napas que están a 80 y a 200 metros están contaminadas con arsénico. Hay poblaciones que se ubican en la costa del río Salado y esas consumen el agua que, aún sin un tratamiento adecuado, es la mejor y más sana. Otros usan aljibes en los que juntan el agua de las lluvias y que son compartidos por varias familias. Los pozos en general son muy costosos y por lo tanto, inaccesibles. Allí el nivel de arsénico del agua es 5 veces más de lo permitido por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El arsénico es un metal que se encuentra en algunas zonas y que contamina las napas de agua. Entre otras cosas, puede producir cáncer” y también hidroarsenicismo, contó Guanca. Por su parte, Kozameh contó que “la contaminación con arsénico es silenciosa porque se va acumulando en el cuerpo“.

El sistema que desarrolló este equipo para disminuir la enfermedad es un filtro que “necesita de dos botellas de plástico de 2 litros y cuarto; una tela de 45 x 15 cm; un alfiler o alambre; cuatro paquetes de virulana de acero (gris) y 50 gramos de algodón cortados en dos partes“. “La virulana reacciona ante el arsénico que queda depositado allí. El algodón y la tela se utilizan como filtro de otras partículas y del metal que pierde la virulana.  El proceso se denomina adsorción y de esta forma las partículas se pegan a la superficie y el óxido de hierro queda atrapado en el algodón y la tela. 

Cuando comenzó el proyecto, lo llevaron a una de las localidades de Santiago del Estero y explicaron el procedimiento, por lo que creyeron que muchas familias continuarían poniendolo en práctica, pero no fue así. Esto les hizo ver que la concientización es parte de la riqueza del proyecto, para que las personas entiendan la magnitud del problema. En este sentido, creo que se han abierto como dos frentes en el proyecto: por una parte lo técnico y por otra lo cultural que es mucho más arduo