La etnobiología es un campo interdisciplinar que estudia las relaciones pasadas y presentes entre los seres humanos, la cultura y el ambiente biofísico, y brinda especial atención a los conocimientos y usos tradicionales de plantas y animales.

La crisis sanitaria mundial ocasionada por la pandemia de COVID-19, junto con las diferentes medidas destinadas a combatirla, no sólo ha pausado momentáneamente gran parte de la actividad de los etnobiólogos alrededor del globo, sino que, dado que su objeto de estudio implica una preocupación por las problemáticas sociales y ambientales, los especialistas se preguntan cómo se verá transformada esta disciplina una vez controlados los contagios.

Esta pregunta es el disparador de un trabajo publicado recientemente en la revista Nature Plants del que participan veintinueve etnobiólogos de diecisiete países distintos, convocados por la primera autora, Ina Vandebroek, investigadora del Jardín Botánico de Nueva York (Estados Unidos). Entre los coautores hay una investigadora y un investigador del CONICET: Ana Ladio, del Grupo de Etnobiología del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA, CONICET-UNCOMA) y Julio Hurrell, del Laboratorio de Etnobotánica y Botánica Aplicada (LEBA) de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de la Plata (FCNyM, UNLP).

Existen tres ejes temáticos que son comunes a las preocupaciones de quienes ejercen esta disciplina: 1) la manera en que la pandemia impactará sobre los modos de vida de las comunidades indígenas y locales y su manejo de los recursos naturales; 2)la manera en que la crisis afectará las futuras interacciones entre los investigadores y las comunidades locales; 3) cuáles deberían ser las nuevas prioridades de la disciplina.

“Una preocupación bastante extendida entre los coautores del trabajo es el hecho de que la subsistencia de las diferentes comunidades con las que interactuamos depende directamente del uso de recursos naturales para alimentarse y obtener medicinas y, en ese sentido, las medidas de distanciamiento y las dificultades para poder salir complican la posibilidad de reproducir sus modos de vida”, explica Ana Ladio, quien trabaja en Patagonia con comunidades mapuches y mapuche-tehuelches.

Este problema se agrava si se tiene en cuenta que una vez finalizadas la medidas de confinamiento y aislamiento, las ferias populares, también llamadas mercados mojados, en las que las comunidades locales comercializan productos frescos como plantas y animales, aun tendrán que permanecer cerradas o al menos bajo sospecha, dada la hipótesis de que la enfermedad tuvo origen en la venta ilegal de animales exóticos en China.

“Lo que hace este virus es aprovecharse de la interacción de las personas entre sí y con el medioambiente. Por eso es importante alertar sobre la importancia de estudiar en profundidad estos vínculos, que son los que desataron esta pandemia y podrían generar otras. Para ello es importante tener en cuenta los aportes del conocimiento científico, claro, pero también lo que tengan para decirnos comunidades que históricamente sostienen otras formas de vincularse con la naturaleza y los recursos que ella provee”, advierte Ladio.

En su participación en el artículo, Ladio señala que la investigación en etnobiología, a partir de la interacción con las comunidades indígena y locales, anticipó la actual crisis socioambiental, cuya causa principal identifica con la imposición de una lógica de mercado global inescrupulosa, basada en la destrucción indiscriminada de bosques, el uso de agroquímicos perjudiciales y, en particular, el tráfico ilegal de especies silvestres

“En nuestro trabajo de campo en Patagonia hace mucho que escuchamos alertas sobre cómo la sociedad de mercado utiliza el medioambiente, sobreexplotando los recursos naturales. En contraste, estas sociedades han tenido formas de cuidado ancestrales de la naturaleza sostenidas en el hecho de verse a sí mismas integradas al medioambiente y no como algo distinto del mismo”, señala la investigadora.

En este sentido, Ladio postula la necesidad de adoptar una nueva ética ambiental en la que la explotación de la naturaleza sea reemplazada por una crianza mutua de humanos y medioambiente. “Es algo que pude aprender de las comunidades con las que he trabajado todos estos años. Se trata de una mirada ética que implica que el ser humano no se ponga por encima de la naturaleza, sino que se vea como su igual. Si ella nos cuida proveyéndonos alimentos y medicinas, nosotros tenemos el compromiso de cuidarla, sabiendo que si le va mal a ella nos va a ir mal también”, afirma.

Para ejemplificar el tipo de vínculo con la naturaleza de esta nueva ética ambiental, Ladio señala lo que ocurre con los bosques de pehuén en Patagonia, en los que al mismo tiempo que las comunidades locales recolectan sus semillas como alimento, también las siembran para favorecer su regeneración, como una costumbre ancestral. “Es un ejemplo concreto de lo que hoy consideraríamos una práctica sustentable”, concluye.

De acuerdo con Julio Hurrell, no es posible predecir el impacto que tendrá la pandemia sobre la práctica profesional de los etnobiólogos. “Sacar conclusiones cuando aún estamos cursando la pandemia sería hacer futurología”, señala.

Hurrell, Jeremías Puentes y Patricia Arenas centran sus investigaciones en lo que conoce como etnobotánica urbana y trabajan en el área metropolitana de Buenos Aires (AMBA) con grupos de inmigrantes que comercializan plantas con usos alimentarios y/o medicinales. Específicamente con una comunidad boliviana en Liniers y con inmigrantes provenientes de China que trabajan en supermercados del ‘barrio chino’ de la Ciudad de Buenos Aires.

Hurrell destaca la necesidad de que tras la pandemia se continúen profundizando los cambios que se vienen produciendo en el último lustro en torno al marco teórico que orienta la disciplina, vinculados a cuestiones como repensar la naturaleza y la cultura como un continuo y ya no como dos cosas separadas.

“Es necesario tener en cuenta que cuando hacemos trabajo de campo en etnobiología, lo más importante es lo que las personas de las comunidades con las que trabajamos nos dicen sobre su entorno vegetal y animal, algo que a veces se pierde de vista”, subraya Hurrell.

Los científicos del Laboratorio de Etnobotánica y Botánica Aplicada destacan que continuar repensando las problemáticas teóricas y metodológicas de la etnobiología podría contribuir a darle un nuevo sentido a la disciplina luego de que pase la crisis del COVID-19, la cual no sólo debe ser vista como una catástrofe, sino también como una oportunidad para cambiar.

Fuente: CONICET