En una misma semana se produjeron tres hechos relevantes en lo que a la tecnología agropecuaria se refiere. El primero fue la puesta en órbita del satélite SAC D Aquarius, desarrollado por el Invap y en el cual además de la cooperación internacional se contó con el trabajo de investigadores de distintas instituciones tecnológicas, entre ellas el INTA, ya que muchos de sus resultados serán de aplicación para el agro. El segundo fue la inauguración del nuevo laboratorio de máxima bioseguridad que el Senasa tiene en la localidad bonaerense de Martínez. Y el tercero fue el anuncio de la obtención de la vaca bitransgénica Rosita ISA, realizado por la presidenta de la Nación y fruto del trabajo de los técnicos del INTA y de la Universidad de San Martín.
Son tres hechos consumados a los cuales se les podría agregar un cuarto que es el acuerdo firmado con el Invap para la fabricación de radares meteorológicos, también en esa semana. ¿Qué nos están diciendo estos datos? Evidentemente no es una casualidad que el sistema público de ciencia y tecnología esté generando estos resultados en la Argentina del presente.
Germán Kaiser, uno de los científicos desarrolladores de Rosita ISA, era becario del Conicet cuando el entonces ministro de Economía Domingo Cavallo, mandó a los científicos “a lavar los platos”, cuando aquéllos reclamaban más presupuesto para la investigación a mediados de los 90. Desde 2007, en cambio, el país cuenta con un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, conducido por un profesional muy ligado a la biotecnología como es el Dr. Lino Barañao.
Si los legisladores de la oposición lo hubieran aprobado, este ministerio contaría formalmente para este 2011 con un presupuesto de $2.570 millones. En tanto, el INTA -organismo dependiente del Ministerio de Agricultura y donde hoy se desempeña Kaiser- pasó de estar fondeado con $175 millones en 2003 a $1.270 millones en 2011.
Y en 2008 se lanzó un programa para la repatriación de científicos que lleva cerca de 1.000 profesionales reincoporados.
Lo de Kaiser, Mutto y Mucci (los otros dos investigadores líderes del proyecto ISA) no hubiera sido posible sin este contexto en donde se desenvuelve la ciencia, que aún resta de ser el óptimo o el ideal. Pero sin dudas es muy superior al que había diez años atrás. Hablando de una década, pasemos al laboratorio que el Senasa acaba de inaugurar en Martínez y que alcanza lo máximo en bioseguridad en el mundo.

Escenarios. En 2001, el gobierno argentino que encabezaba el Dr. Fernando de la Rúa orientaba todo su esfuerzo y el de sus organismos a ocultar que la fiebre aftosa se expandía sin control en el territorio nacional. Hoy, no sólo hace cinco años que no ocurren brotes de aftosa, sino que si eventualmente ingresara una cepa exógena, el sistema sanitario público está en condiciones de traer esa cepa de algún banco del exterior y producir el antígeno localmente gracias a que contamos con este laboratorio Nivel 3 Agricultura, que es la máxima bioseguridad reconocida internacionalmente.
Los 20 millones de dólares que costó fueron fondeados con recursos que administra el Programa de Servicios Agrícolas Provinciales (Prosap), otro organismo que fue fortalecido en estos últimos años.Porque el Senasa también tuvo una evolución presupuestaria muy fuerte. En 2003 contaba con $113 millones provenientes de los aranceles que les cobraba a los privados que inspeccionaba. Para 2011 el presupuesto se había elevado a $1.028 millones, con una significativa proporción proveniente del Tesoro Nacional, tal como ocurre en países líderes en materia sanitaria.
Otro dato no menor en estas novedades que estamos comentando es que el partner del INTA en el desarrollo de esta vaca transgénica haya sido la Universidad de San Martín, que es una facultad relativamente “nueva” (fue creada en los 90), pero que fue pasando de una oferta de carreras de “tiza y pizarrón” como se dice habitualmente, a incorporar las fronteras de tecnología, con las carreras de la genética y las ciencias biológicas. En este sentido mencionemos que el presupuesto educativo nacional para este 2011 rozó los $20.000 millones (contra $2.500 millones en 2002), de los cuales $106 millones fueron para la Unsam ($13,5 millones en 2002).
En síntesis, así como en el deporte son las disciplinas atléticas individuales las que correlacionan con el grado de desarrollo de los países (por el contrario, los en desarrollo se destacan en juegos colectivos), lo mismo ocurre con determinados logros científicos.
No es casualidad que las nuevas potencias emergentes, como China y la India, estén posicionándose a la cabeza de disciplinas como la biotecnología, la genética, la informática y las ingenierías.
En este sentido, los argentinos estamos haciendo los primeros palotes para entrar en las grandes ligas de la ciencia. Es apenas un primer paso, “muy pequeño para la humanidad pero muy trascendente para nuestra sociedad”, en palabras de Neil Armstrong, el primer humano en pisar la Luna.
Ojalá seamos capaces de sostener esta iniciativa en el tiempo.