Fuente CONICET

Desde hace dos años, un proyecto del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) se dedica al desarrollo de tejas de caucho reutilizando neumáticos y evitando que estos se constituyan como un contaminante ambiental.

Rosana Gaggino encabeza este desarrollo en el Centro Experimental de la Vivienda Económica (CEVE, CONICET-AVE), cuyo objetivo es dar una alternativa a las tejas de cerámicas y las de hormigón que se usan para la misma finalidad. “El uso del caucho es muy interesante, ya que es un residuo que tiene muy poco reciclaje actualmente. Simplemente se usa para sustratos de canchas deportivas, aplicaciones muy puntuales, pero la gran mayoría de los neumáticos van a parar a los predios de enterramiento”, asegura.

El caucho tarda 500 años en degradarse, se acumula en basurales a cielo abierto y acumulan agua en su interior lo cual, como explica Gaggino, “hace que proliferen mosquitos como el dengue y acarrea un problema sanitario bastante grande”.

Para realizar estas tejas, además del caucho, se utiliza una proporción de plástico, como el polietileno, que tiene un punto de ablandamiento bajo y actúa como ligante. Utilizan una maquina extrusora que posee una prensa que comprime la mezcla con la que crean las primeras experiencias para usar la fórmula mas adecuada. 

Los ensayos que se realizaron demuestran que estas tejas son más flexibles que las convencionales, ya que se arquean pero no se rompen. Además, tienen mejor respuesta al impacto duro, ya sea de piedra o granizo, lo que las hace más resistentes.

Por otra parte, los resultados sobre la conductividad térmica son superiores a los de la teja común ya que el material tiene baja conductividad, por lo que son muy aislantes. Otra característica es que el material reaccionó muy bien a los estudios sobre permeabilidad al vapor de agua y al aire.