Un carnero que filosofa, un mono que quiere ser hombre, el canto conjunto de la chicharra y la rana, hormigas manifestándose en los senderos de un jardín y un caballo director de orquesta. De eso trata ”Nuevas Fábulas Argentinas”, de Godofredo Daireaux, ilustrado por Manuel Purdía, un libro que viene a reforzar la tradición de enseñar a través de los relatos en que los animales de la fauna nacional hacen en la literatura aquello que no les permite la realidad. Son 54 fábulas cortas con las que el autor franco-argentino completa su edición anterior de 2008 sobre el mismo tema. “La fábula no hace personalidades y su gran poder consiste en que a nadie choca, ya que siempre puede cualquiera desconocer en ese espejo las arrugas de su propia cara y aplicar a otro la semejanza, pero no por esto deja de ser siempre más eficaz la sonrisa burlona del fabulista que la voz severa y los ojos redondos del pedante”, dice el autor.
El segundo trabajo, titulado “Cuentos de pícaros. Relatos populares de América”, de Nerio Tello, con ilustraciones de Rodolfo Fucile, agrupa una cualidad continental: la picardía (no la viveza ni el atrevimiento, que son otra cosa), con la cual los personajes logran su fin cortando por caminos que el otro no imagina. “El pícaro se aprovecha de las debilidades humanas, pero a veces aparece como una suerte de justiciero”, dice Pablo Medina, docente y presidente de la Asociación La Nube, en el prólogo del trabajo. Alguien que pinta un burro para venderlo por negro y un forastero capaz de cocinar un sabroso guiso de piedras son dos ejemplos de la picardía como la entiende la publicación. Son relatos cortos, bien escritos, divertidos, ideales para anotarse la cualidad de ser ellos los ojos con los cuales los chicos se asomen al maravilloso mundo de la literatura.