Tener madera para obtener calor puede marcar el límite entre la vida y la muerte para las comunidades mapuches. “La leña es un tema preocupante y lo he planteado a las autoridades para hacer una campaña ágil y llevarle leña a los abuelos sobre todo con esta realidad de la pandemia”, indicó Fidel Kolipan, werken (vocero) de la zonal sur de la Confederación Mapuche de Neuquén.

“Se vive en una zona de frío y ya lo han dicho desde el gobierno nacional y los científicos que lo peor se espera en invierno y por eso es muy preocupante“, señaló y agregó que “hay comunidades donde no hay gas y la única posibilidad es la leña para calefaccionarse y nos queda poco tiempo antes que se cierren los caminos”.

Por su parte, Hugo Lican, longko (jefe) de la Comunidad Ruka Choroy, explicó: “Nuestra comunidad está en el límite con el cordón de la cordillera neuquina. Nosotros aceptamos las normativas pero hay que tener en cuenta que son realidades muy distintas y a veces la normativa sale sin tener presente la realidad de nuestros pueblos“.

“Este es un sector de campo, se toman prevenciones básicas pero las tareas se deben continuar porque no se puede dejar la tarea rural”, dijo.

Afirmó que “sin leña quedamos totalmente desprotegidos porque esto está relacionado directamente con la salud; nosotros tenemos adultos mayores y en invierno tienen que estar abrigados y calefaccionados“.

Además, Lican explicó que “lo planteamos a las autoridades urgente porque no podíamos dejar de juntar leña y había que adaptar esas medidas y el clima nos juega en contra porque en pocos días más nos vamos a encontrar con la nieve, la lluvia y los camiones no van a poder entrar“.

En la Comunidad Paicil Antreao, en cercanías de Villa La Angostura, ocurre algo similar, según contó a Télam el werken (vocero) de la comunidad, Lorenzo Lonkon: “todavía no pudieron aprovisionarse con la leña suficiente y hemos pedido para las familias más necesitadas y cada uno se la rebusca como puede”.

Otra dificultad, en medio del aislamiento obligatorio, es la que alcanza a los chicos y chicas de las comunidades que no siempre cuentan con la tecnología para acceder a las clases virtuales que se dispusieron para no perder el vínculo con la escuela.