Por Ana Minini Venega (*)

Es cierto que durante los tres días que duró la Fiesta del Chivo de Chos Malal, en el norte de Neuquén cantaron Jonathan Lillo, Ataque 77, Quico Pino y Los Tekis. Que el domingo 23 cerraron los festejos Luis Ginggis y Axel. Es verdad que hubo stands de artesanías y comidas típicas, pero también es cierto que la vedette del festejo fue el acontecimiento del último, con la puesta en el asador de 1027 chivitos, cuyo dinero de la venta sirvió para para cubrir los gastos de varias instituciones deportivas de la zona.

Entre las actividades previstas se contaron destrezas gauchas, desfile de jinetes y espectáculos de doma; la categoría rueda libre repartió 100 mil pesos en premios.

No fue cualquier chivito el que desprendió el perfume bajo las brasas: el Chivito Criollo del Norte Neuquino recibió la distinción de Denominación de Origen por su calidad y autenticidad dada por un sistema rural específico y regional. El chivito no sólo es una de las principales fuentes productivas sino que también se convirtió en un símbolo de identidad de la región.

Es la veranada, una postal del norte neuquino, momento de primavera y verano cuando los puesteros, gente de campo trasladan a su ganado hacia los campos altos con pasturas nuevas para que, en el otoño, trasladarlos de nuevo hacia los campos de los valles.

La celebración que se centraliza en la Estación Agrozootécnica al sur de la ciudad, inauguró una extensa temporada de fiestas populares en la región.

(*) Integrante del Seminario de la Ruta 40 de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP.