Fotos: Jazmín Arellano

El hombre que saluda con el repiqueteo de sus pies santiagueños debutó en este mismo edificio con Los Hermanos Ábalos. Corría 1942, un tiempo en que la radio era ama y señora. La juntada de folkloristas que hacen radio marcha entonces, por obra de Víctor Manuel “Vitillo” Ábalos, hacia los años de oro de la radio argentina. Entonces ocurre lo previsible: Rolando Goldman, maestro del charango, hace uso de su rol de conductor de un programa de radio y se vuelve periodista.

-¿Y si esa era la época de oro de la radio, ésta qué época sería?, le pregunta Rolando Goldman a Vitillo Ábalos.

-Si conwwwo lo que pienso, tal  vez me meten preso.

-Igual le dan prisión domiciliaria -bromea Goldman. Y todos ríen. 

-Vitillo: Lo ideal sería que el uso de la televisión hubiera sido como el de la luz o el gas, con un medidor, que se pague por el uso, para valorar lo que se ve y poder elegirlo bien. Pero hoy se habla del rating, de “hacer algo” para levantarlo. Y lamentablemente el que paga los platos rotos de esa baja calidad en los contenidos es el que compra y mira el aparato, que no puede discernir por su cuenta porque la televisión ya lo da todo elaborado.

Folkloristas en el éter

A la mesa de vidrio de la sala del primer piso del hermoso edificio de Maipú 555 llega el café. Mario “Musha” Carabajal, guitarra y voz de Los Carabajal desde hace 47 años en un grupo que tiene un año más, sacude un sobre de azúcar y habla. “Con la radio estoy cumpliendo algo que se ve que estaba adentro mío, pero  nunca había podido expresarlo. Y me hace muy bien hacerlo”, dice respecto del envío de cada miércoles en la Folklórica. Musha reconoce que a pesar de que el programa tiene a la espontaneidad como la mejor arma, son los músicos que llegan al estudio quienes realzan la calidad del envío que comparte con Kali, a veces con Peteco, siempre con Cuti.

“Me fascina hacer radio. La radio me despierta una pasión especial.” Es que por radio escuchó, siendo chango, que Los Cantores de Salavina se presentaban aquí, en este edificio donde transcurre la nota con El Federal. En el patio de la casa de la abuela, los Carabajal hacían fuerza para que la señal no se fuera. Pegaban el oído al parlante, imploraban por ese hilo de onda que se iba y volvía. “De esa fantasía que generaba la radio cuando éramos changos, me encuentro ahora en esta radio que nos representa, como radio Nacional. Es un sueño”, dice Musha. 

El papá de Lucía Ceresani es carpintero, y entre gubias y martillos, entre aserrines y sierras, escuchaba la radio. “Escuchaba a Miguel Franco. Por él conocí a los locutores más conocidos y a los no tan conocidos. Fue él quien, a través de la radio, me transmitió la pasión por el folklore surero. Siempre conocí desde afuera el mundo de la radio. Y a partir de la propuesta de tener una columna semanal de una hora en la cual se habla de música surera, con Marcelo Simón, que es como jugar en Primera, aprendo mucho, sobre todo a producir, a musicalizar los temas de los que  hablamos cada semana”, dice esta referente joven de la música de la llanura pampeana, la patria de las milongas y la huellas, del olvidado triunfo. Y del bravo malambo. 

Antes del primer sorbo de café, Vitillo Ábalos dice: “En la radio el timbre de voz, la forma de decir, también engancha. Por eso no es sólo saber de lo que se habla sino cómo se dice lo que se dice. Todos escuchan radio, por más pobres que sean: en el auto, caminando, en la casa”. Vitillo habla de cómo los sponsors manejan las programaciones, donde manda el número antes que la calidad. Respira y agradece Vitillo, porque en la 98.7 no ocurre eso. 

Rolando Goldman (que acaba de editar el genial Charanguisto) viene de hacer micros de radio y un programa en la radio Madres. Dice: “La radio le llega a la gente de otra manera. Tal vez suene medio romántico, pero llega al corazón. En muchos hogares, no hay diálogo entre la familia porque están mirando la tele. En la radio, en cambio, sobre todo cuando se escucha música, no se inhibe el posible diálogo entre los oyentes. Uno puede hacer otras cosas mientras”. Además, la radio hace trabajar la imaginación de otra manera. La voz sugiere un cuerpo, una cara, pero no la muestra; el oyente llena el mensaje, juega su partido. 

Antes de que el encuentro derive en anécdotas deliciosas sobre Carlos Carabajal (con una genial imitación de Vitillo), sobre Hugo Díaz, sobre el propio Vitillo a cargo de Rolando Goldman, ellos responden.  

-Ustedes están acostumbrados a la cercanía con el público, al aplauso, a los gritos, a la algarabía festivalera, ¿cómo es enfrentarse al micrófono en el silencio del estudio?

-Lucía: Intimida un poco. Además, hay una responsabilidad que genera en uno el hecho de no saber lo lejos que llega nuestro mensaje. Eso me hace, a mí, seleccionar bien cada tema, cuidar el espacio y lo que se dice, para que el mensaje resulte valioso para alguien.

-Rolando: Ojalá a mí me intimidara un poco. Cuando estoy en el estudio de radio me siento como en casa, lo mismo que en el escenario. En el programa, con Mónica Abraham, somos  naturales. Es nuestro ámbito también el de la radio, porque de tanto ir a los programas uno se acostumbra. Sí creo que la música folklórica tiene un problema: se difunde poco en comparación con el arraigo que tiene en el público. Tal vez haya un prejuicio y cierta ignorancia de los difusores, pero veo que sólo se difunde nuestra música folklórica en los programas de música folklórica. No hay, por afuera de eso, canciones de nuestra música. Y lo peor es ver en televisión a alguien que saca un pañuelo para bailar una chacarera.

-Pobre Vitillo, cómo debe sufrir viendo eso.   

-Vitillo: Estoy vacunado ya. Quiero decir algo: tenemos que tener identidad argentina. A quienes bajaron de los barcos debemos decirles gracias, pero después de 200 años, tenemos que pensar en lo nuestro con lo nuestro. Por eso creo que debería haber una materia en la escuela llamada identidad argentina. No para prohibirles a los niños que escuchen otras músicas, sino para que sepan cómo es el lugar donde lo han parido. Porque hoy mismo mucha gente no sabe ni por qué se llama como se llama la calle donde vive. Y no hablo del abuso de nacionalidad, hablo de saber cómo es lo nuestro.

OTROS FOLKLORISTAS EN EL AIRE

Micaela Farías Gómez

La hija del gran Chango tiene su espacio los miércoles a las 21. 

Jaime Torres

El tucumano también despunta el vicio de la radio, los jueves a las 20. 

Facundo Ramírez

El hijo del maestro Ariel deja un rato el piano, los jueves a las 21, para hacer radio. 

Jorge Marziali

Este genial contador de historias está los viernes a las 21 en la  98.7.

Damián Sánchez

Otro de los músicos que se planta frente al micrófono de la radio. Sábados a las 22.

Omar Moreno Palacios

El gran cantor y compositor de música surera, cada domingo a las 7 de la mañana.

Daniel Viglietti

El genial uruguayo está en el aire de la radio los domingos a las 21.