El registro de esta especie tuvo lugar en la reserva privada San Sebastián, inmersa en el Bosque Atlántico de la selva misionera, en manos del fotógrafo naturalista Matías Romano, propietario del lugar.

Si bien su distribución es bastante amplia yendo desde centroamérica hasta Misiones, sus observaciones son muy extrañas y las fotografías casi imposibles”, expresó Romano al medio Argentina Forestal.

Esta reserva natural, ubicada en la Ruta Provincial 101, a unos 25 km de la ciudad de Comandante Andresito, y a menos de 100 km de Puerto Iguazú, es un sitio que el conservacionista mantiene con un trabajo constante desde hace varios años y que forma parte del corazón del Corredor Biológico Urugua-i Foester, algo que demuestra que las reservas y áreas protegidas son vitales para la conservación de la biodiversidad de la selvas en Misiones.

El fotógrafo relató que “estaba camuflado en el piso esperando fotografiar un Tataupa Común, es una especie abundante pero que por sus hábitos terrestres suele estar siempre cubierta de ramas imposibilitando las buenas fotos. Mientras lo esperaba en silencio e inmóvil, noté a través de la red de camuflaje que una paloma había aterrizado a pocos metros mío. En un principio pensé que se trataba de una Yerutí, típica paloma de nuestras selvas, pero de todas formas decidí sacarle una foto. Al verla con la cámara y no con la distorsión que generaba la red pude ver que no era una Yerutí, sino la esquiva Paloma Montera Violácea, un ave tan enigmática que son pocos los registros que tenemos de ella en el país, y mucho menos una fotografía que la mostrase en todo su esplendor”.