Su embarco y su desembarco en Brasil tuvieron la misma repercusión: el empresario sojero Gustavo Grobocopatel se desprendió de su empresa Ceagro para incursionar en el negocio de la producción de agroquímicos en la Argentina a través de la compra de Agrofina, una empresa de capitales estadounidenses.

“Decidimos aceptar la oferta de Mitsubishi”, dijo el empresario. El objetivo de la firma de Carlos Casares -que tiene también capitales en Uruguay- es hacer todo el proceso aquí: desarrollo, síntesis y producción de agroquímicos, algo que sólo tres empresas hacen: Monsanto, Atanor y Agrofina.

“Sudamérica y la Argentina tienen una gran oportunidad en energías renovables, en bioplástico y en otros aspectos en donde se está gestando una revolución verde”, dijo el empresario, cabeza del grupo Los Grobo, en diálogo con Magdalena Ruiz Guiñazú en Radio Continental.

La empresa que fundó hace cinco años en Brasil -se asoció con una empresa local- rindió en su primer ejercicio 50 millones de dólares. “Y hoy produce 550 millones de dólares al año”, se enorgulleció Grobocopatel, de la firma de la que acaba de desprenderse. 
 
En 2012, los agroquímicos movilizaron en la Argentina unos 2200 millones de dólares. El empresario destinará 400 millones de pesos al desarrollo. 

“Queremos integrar la cadena de valor y diversificar  nuestro modelo de negocios al estar más cerca de la tecnología. Siempre estamos mirando a largo plazo. A veces, en mi familia, me retan porque por mirar tan lejos dicen que no miro a corto plazo”, bromeó Grobocopatel.