“Para mí cantar es vivir”, dice Horacio Guarany. Pero no hace falta que lo diga: se le nota porque arriba del escenario el hombre que escribió con sus manos gran parte de la historia -y del cancionero argentino- es feliz. Porque encontró la fórmula: Guarany canta para que no calle la vida. 

Eso hará el 9 de julio en Avenida de los Corrales y Lisandro de la Torres, en la tradicional Feria de Mataderos, al aire libre y después de la actuación de otros artistas que animarán desde el mediodía los festejos por la independencia argentina. El autor de “Caballo que no galopa” soltará los pájaros de su garganta cerca de las 15.30.

“El Potro” repasará su larguísimo camino en la canción. Debutó en 1949 como “Horacio Rodríguez, la nueva voz del Paraguay”, en el Palermo Palace, de Avenida Santa Fe y Godoy Cruz. Más tarde, cuando su mamá le contó al oído la historia de su papá, supo que por las venas le corría sangre guaraní. El Horacio se lo debe a un sanjuanino que no se despegaba del italiano familiar y mal pronunciaba su nombre. Eraclio Catalín Rodríguez tenía 23 años el día que vio nacer a Horacio Guarany. Con ese nombre, compuso más de 600 canciones y grabó 80 discos.

En una entrevista de tapa de la revista El Federal (número 406), Horacio desgranó los momentos felices y los oscuros su vida, su obra. A continuación les ofrecemos los pasajes más destacados de esta charla.

* “Hay una alegría superior a la de los premios y los homenajes que me hacen: que la gente se para para aplaudirme cuando canto.”

* “Nunca usé el canto para nada. Siempre he soltado el canto, el canto es un pájaro que está en mi sangre desde que nací. A los cinco años cantaba en los obrajes, con mi padre, hachero en el chaco santafesino, donde nací. Cantaba lo que veía. A los siete años sufrimos la crisis del ´30 y la langosta: comíamos maíz hervido. Nos fuimos a Alto Verde. Mi vieja me prestó a un boliche porque no podía criar 14 hijos juntos. Allí había mujeres de la noche, caballos de carrera, gallos de riña”.

* “Las cosas nacen con el hombre, lo que pasa es que el hombre es estúpido y quiere superar a las cosas que ya están en uno. Pero la naturaleza es sabia (estira la primera “a” de sabia, baja el volumen), pero el hombre quiere ser más sabio que la naturaleza y la destruye (levanta la voz, acaso enojado): destruye los ríos, el clima, los bosques, se destruye él mismo negándose a su música. La música nace con el hombre (subraya, repite la frase). Nadie le dice al correntino que sólo escriba chamamés; ni al entrerriano chamarritas; ni al tucumano zambas, ni al santiagueño chacareras; ni al salteño bagualas; ni al sureño cifras, triunfos o milongas. Pero la música nace con el hombre”.

* “Para mí cantar es vivir. No hay que cantar para ganar plata y aplausos. Si los ganás, mejor. Pero yo sin cantar me moriría. Cuando me preguntan si ensayo digo que no, porque eso sería fabricar el canto, porque cantar es como hablar o como hacer el amor, no se puede ensayar. Se va al hecho. Subo al escenario y me salen las cosas. Soy como soy. En la vida y en el escenario soy la misma persona”.

* “El hombre, en su estupidez, copia lo de afuera. Porque Latinoamérica es colonia cultural norteamericana. Ellos nos metieron el rock, el twist, el boogie boogie, la conga. ¿Cómo nos metieron eso? Con los sponsors, que son los que difunden los que le conviene. Y los muchachos argentinos que tienen que laburar, obedecen a esos sponsors. Ellos nos imponen que nuestros chicos se avergüencen de su ropa de gaucho, pero que se vistan con orgullo de cow boys norteamericanos. Les quitan a nuestros chicos la inmensa alegría de su danza. ¿Por qué la inmensa? Porque es de él. El rock es una música hermosa, pero es para ellos. Bailar con música de afuera es como masturbarse. En cambio, bailando tu música, gozás. No hay que avergonzarse de las riquezas culturales propias”

* “No puedo odiar. Lo vi a Massera (Emilio Eduardo, integrante de la junta de comandantes golpistas de 1976) y no lo pude odiar. Y él era el que me mandaba a poner las bombas. Los milicos estudian tanto y cuando discrepa con un tipo, le mandan a poner una bomba. ¡Qué infeliz, qué pobre tipo! (baja la voz, habla como en secreto). A mí me daría vergüenza después de tanto estudiar mandarle a poner una bomba a alguien. Ahí es cuando el hombre desciende y dejar de ser hombre para ser una mierda”.

* “Me dio vergüenza estar escondido como un perro sarnoso. Yo que sólo di amor, me tuve que ir de mi tierra. Tuve que salir encondido. ¿Por qué, qué hice? Eso no me dio odio ni bronca, me dio vergüenza, mucha vergüenza. ¡¿Por qué me echaron de mi casa, carajo!? No aguantaba el exilio y me volví. El peor castigo que puede haber es el exilio. El que lo inventó es muy hábil, muy hijo de puta. Pero yo no puedo odiar. Si sos bueno, te va a volver esa bondad. El malo se jode.”

 

Fotos Juan Carlos Casas