Fotos: Marcelo Arias

Se formaron algunos charcos en el camino a la Reserva Natural Laguna de Llancanelo, donde vive una colonia de flamencos. Es una tarde perfecta: contra unos cerros caen rayos y contra otros pega el sol. El paisaje cambia por completo con solo girar la cabeza.

Una hora más tarde, cuatro guardaparques dan la bienvenida, apenas salen de la casa, ubicada a la izquierda del camino. Un perro peludo también saluda y posa para las fotos. Los guardaparques quieren saber cómo se conoció el lugar.

Vocaciones.

Este fotógrafo se empieza a relamer con unos cielos alucinantes. Los guardaparques son Silvana Picone, Daniel Fernández, Federico Cruz y Jonathan Blanco. Cruz (23) cuenta que cuando iba a la primaria el padre de una compañera era guardaparque y les contaba cómo era el trabajo. “Me gustó pensar que podía ayudar en algo y terminé estudiando Conservación de la Naturaleza en Godoy Cruz.

¿Un día de trabajo en Llancanelo?


“Controlamos que no cacen fauna silvestre, ni que se destruya el medio ambiente. Identificamos aves y asentamos todo tipo de datos. También se trabaja en programas con los pobladores (un ejemplo es el tamarindo, un árbol exótico que avanzó en la laguna y se tala para construir o para leña). Ojalá que las futuras generaciones puedan disfrutar de la reserva de la misma manera que lo hacemos nosotros”.

El camino queda a unos 300 metros de la costa de la laguna. Parece mentira que pueda existir un lugar así en medio del desierto. Es un humedal parecido a los del río Paraná. Y atrás de la laguna, sobre los cerros, la tormenta eléctrica nunca termina.

El grupo se acerca a la costa en silencio porque los flamencos son ariscos. Cada tanto aparecen unos volando como flechas. Son alargados, flacos elegantes.

 

Los guardaparques los observan con largavistas y hasta con un telescopio. Este fotógrafo avanza agazapado entre los pajonales buscando una toma cercana. Pero eso pícaros flamencos, lo perciben y se alejan caminando en el agua. El fotógrafo no se da por vencido y vuelve a encarar por otro sector.

Al rato empieza a tronar fuerte. Y caen las primeras gotas. Y de nuevo el olor a tierra mojada. Pensar que durante el verano aquí llueve sólo unas 3 veces. Y hoy se arma una flor de tormenta.

Jonathan Blanco (23) salió del secundario y también empezó la tecnicatura en Conservación de la Naturaleza en Godoy Cruz. Para obtener el título realizó prácticas (pasantías) en el Parque Nacional Campo de los Alisos, en Tucumán.

Blanco cuenta que esa fue una experiencia inolvidable: “Una cosa era estudiarlo y ver fotografías. Otra muy distinta fue sentirlo y presenciar la perfección e inmensidad de la naturaleza”. Blanco cursaba 3 días a la semana. Los días que no cursaba volvía a San Carlos, su pueblo, a trabajar la tierra para juntar dinero y poder pagarse los estudios.

“Me acuerdo que trabajando en la cosecha de uva un 12 de Noviembre bajo un solazo, me llamaron por teléfono proponiéndome trabajar en el Parque Aconcagua. Mis padres, que también trabajaban entre las hileras conmigo, me abrazaban felicitándome. Fue emocionante”. Entonces Blanco trabaja como guardaparques desde 2010, “con mucha responsabilidad, orgullo y por sobre todas las cosas con agradecimiento a Dios por darme esta oportunidad en la vida”.

Agua y biodiversidad.

El agua de la laguna es cristalina. Proviene de una vertiente natural y de dos ríos. Los guardaparques explican que el atardecer es el mejor momento para el avistaje de las más de 165 especies de aves (74 de las cuales son acuáticas) que viven en la laguna. Allí vuelan, anidan, se alimentan. Cuentan que remando en canoa canadiense logran acercarse como nunca.

Este humedal, además de ser un reservorio de agua dulce, acuna una rica biodiversidad. El espejo de agua tiene una extensión de 50 kms de longitud Norte-Sur con un ancho variable de hasta 13 kms. En verano allí viven hasta 150 mil aves. Las aves más comunes son el flamenco, el cisne de cuello negro y el coscoroba.

Ahora los guardaparque enseñan el lugar donde nacen las vertientes. Un sauce da sombra, se escuchan pájaros y vacas balando. También se escucha el viento contra las hojas de un árbol gigante, al lado de un puesto. Todavía hay sol y son cerca de las 8. Por la tormenta, aparecen dos arco iris. Se trata de una tarde mágica.

Flamenco Austral en síntesis.

Heber Sosa y Sebastián Martín firman un paper títulado “Evaluación de la población de flamenco austral en Laguna Llancanelo, Mendoza, Argentina”. En el mismo afirman que en el verano de 2010 vivían allí 57 mil flamencos (28 mil nidificando). Y en invierno, vivían poco más de 4 mil.

Para realizar el censo estival, sobrevolaron a 600 metros de altura la laguna en avioneta, tomaron fotografías. Luego hicieron cálculos basados en flamencos reproductivos y cantidad de nidos desocupados. Y en invierno hicieron conteos desde 8 puntos fijos de observación utilizando telescopios, binoculares y contadores manuales.

La conclusión es que la Laguna Llancanelo puede ser considerada como un sitio prioritario para la conservación del flamenco austral. Ojalá que este lugar mágico permanezca intacto. Hasta la próxima y gracias.