Por Mariano Ghirardotti
Contador especializado en tributación y socio de Ghirardotti & Ghirardotti.

1. Fijación del cierre de la sociedad.
Un mayor stock implica un menor costo de ventas y, por ende, una mayor utilidad. Quien entienda esto irá por el buen camino en el análisis tributario de las cuestiones agrarias. El cierre de ejercicio debe fijarse evitando los momentos en que la producción y el stock se encuentran en su punto más elevado, por una cuestión muy simple: si el número o la calidad de los animales es el más alto, así como si el productor agrícola tiene toda su producción cosechada en stock, el impuesto es más alto.

2. Manejo de stock ganadero
Con relación al stock, la ley de Impuesto a las Ganancias establece que el inventario debe valuarse de acuerdo al animal más vendido en los últimos tres meses del año o del ejercicio (entre otros métodos). Por ello, el evaluar con el asesor fiscal el manejo del stock en esos tres meses, es vital para evitar adelantar impuesto a las ganancias.

3. Incremento del plantel de madres
Una alternativa para reducir el stock -dado el valor fiscal del animal destinado a vientre- no es otro que un porcentaje del costo de compra de dichos animales al cierre del primer ejercicio de la explotación. En otras palabras, el valor impositivo de las madres es muy bajo y la diferencia entre dicho valor y el precio de la última compra de animales hembra se transforma en costo, es decir en pérdida.

4. Manejo del stock agrícola
Es importante destacar que el cereal cosechado se valúa a valor de venta menos gastos netos de realización. En otras palabras, tener el cereal en stock al cierre del ejercicio equivale a haberlo vendido. El problema es que si bien tributamos como habiendo vendido no gozamos de dos beneficios importantes de vender: el dinero y las retenciones que me realiza el fisco. Entonces, quien decida conservar el cereal, deberá tener en cuenta que al momento del pago del tributo no podrá computar contra el mismo las retenciones de impuesto a las ganancias, lo cual genera un daño financiero importante al productor rural, ya que en el caso de haber vendido a los pocos días o meses posteriores al cierre deberá esperar mas de un año para utilizar dicho pago a cuenta.

5. Evaluación del momento y cantidad de la distribución de utilidades.
Desde 1998 el impuesto a las ganancias grava los dividendos, cuando se distribuyan utilidades que en cabeza de la empresa no han tributado el gravamen. Es el denominado impuesto de igualación, un impuesto que por su complejidad de cálculo muchas veces no es tenido en cuenta, pero que en el caso de explotaciones ganaderas puede tener consecuencias muy graves. La consecuencia es lisa y llanamente la doble imposición: se grava primero el dividendo sobre una utilidad contable, que no ha tenido su correlato en utilidad impositiva, y al año siguiente se grava la misma utilidad en cabeza de la empresa, pudiendo hacer llegar la carga tributaria a niveles cercanos al doble de la normal.