Cráneos, mandíbulas y dientes de varios ejemplares son los restos encontrados fortuitamente por buzos profesionales que estaban explorando Hoyo Negro, un sistema de cuevas subterráneas ubicado al norte de la península de Yucatán. 

Se trata de un hallazgo que posibilitará a futuras investigaciones en esas regiones cambiar lo que hasta hoy se conoce sobre la historia biogeográfica de los mamíferos fósiles.

Arctotherium y Protocyon son géneros de osos y lobos respectivamente cuyos predecesores habían surgido en América del Norte mucho antes y llegaron a esta parte del mundo durante el fenómeno conocido como Gran Intercambio Biótico Americano (GIBA), la migración de diferentes especies de un hemisferio continental al otro a través del istmo de Panamá cuando ambas masas de tierra se unieron definitivamente, unos tres millones de años atrás.

Las especies de osos Arctotherium llegaron a pesar una tonelada y a medir 4 metros y medio estando erguidos, mientras que los perros o lobos pertenecientes al género Protocyon rondaban los 25 kilos.

Hasta ahora se creía era que, una vez establecidos en el sur, ya no habían vuelto a trasladarse nunca más, pero el reciente hallazgo en México de restos fósiles datados en entre 12 y 38 mil años de antigüedad es una prueba contundente de que sí lo hicieron.

Leopoldo Soibelzon, investigador del CONICET en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP) y uno de los autores del trabajo, y continúa: “Creemos que en determinado momento las condiciones ambientales de Centroamérica y el sur de América del Norte comenzaron a cambiar y se volvieron favorables para que algunas de estas formas animales volvieran a cruzarse de continente. Eso tiene que haber sucedido unos pocos miles de años antes de extinguirse”.

El cambio ecológico del que habla el experto sería el paso de tropical a pastizal o sabana para esa región del planeta. “Esto confirmaría la hipótesis del reingreso de fauna que históricamente ha sido propuesta en base a la distribución de los carnívoros actuales”, explica Francisco Prevosti, investigador del CONICET y director del Centro Regional de Investigaciones Científicas y Transferencia Tecnológica de La Rioja (CRILAR, CONICET- Gob. La Rioja- UNLAR- SEGEMAR- UNCA), convocado para trabajar en la identificación de los restos correspondientes al cánido, es decir, al lobo.

La idea es que estos linajes llegaron a Sudamérica, evolucionaron generando nuevos géneros y sólo algunos migraron al centro. En ese momento se estaba dando el último período glacial –en lo que se conoce como Pleistoceno tardío– durante el cual el nivel del mar llegó a descender muchísimo y permitió que los ambientes de vegetación abierta avanzaran sobre los cerrados como selvas o bosques, y esto puede haber facilitado el paso de las especies que investigamos”, añade el especialista.