Un estudio del Instituto Medioambiental de Múnich denuncia que se registraron valores de glifosato de entre 0.46 y 29.74 microgramos por litro  (la cantidad más elevada es 300 veces superior al máximo de 0.1 microgramos establecido para el agua potable) en marcas de cerveza alemana entre las que se encuentran Beck’s, Paulaner o Franziskaner, muchas de las cuales se comercializan en nuestro país.

Pero mientras en 2015 la Organización Mundial de la Salud (OMS) catalogó a este herbicida como posible cancerígeno, ya que causó daño al ADN y cromosomas de las células humanas analizadas, las declaraciones del Ministro de Agricultura alemán, Christian Schmidt, parecen no estar al tanto del daño que puede ocasionar tener contacto con este agroquímico: “Para alcanzar una cantidad sensible para la salud habría que beber 1,000 litros de cerveza (al día). Aún no he visto a nadie en Baviera que se beba 1,000 litros de cerveza. Y si se los bebe, la muerte llega no por los pesticidas, sino por otras razones”, declaró.

El glifosato es el principio activo del herbicida RoundUp de la firma multinacional Monsanto. La utilización de este agroquímico brinda a los agricultores la posibilidad de controlar las malezas de forma total, porque no afecta los cultivos genéticamente modificados como la soja. 

Recordemos que durante el año pasado este herbicida también fue hallado en algodón, gasas y tampones comercializados en nuestro país, también en orina humana en Mar del Plata, y en muestras de sangre y agua en Pergamino. Estos son sólo algunos ejemplos del peligro que este agroquímico implica para la salud de nuestra población y nuestra tierra.

Alemania es el mayor fabricante de cerveza del mundo y el segundo en consumo per cápita de esta bebida alcohólica. El Instituto Federal de Valoración de Riesgos (BfR) aseguró hoy que la situación no supone un peligro para los consumidores y que incluso la cantidad más alta encontrada es tan baja que requeriría la tasa de consumo citada por el ministro. Por su parte, el Instituto Medioambiental de Múnich exigió a los productores que expliquen “cómo pudo llegar el glifosato a la cerveza” y que se aseguren que sus bebidas no contienen este herbicida en el futuro.

Los fabricantes se manifestaron en contra el estudio, acusándolo de “absurdo e insostenible”, en un comunicado de la Federación de los Cerveceros Alemanes (DBB) en el que defendieron sus sistemas de control y los de la administración pública, así como la exigencia de la ley de la pureza alemana.

Según la opinión de un portavoz de la Asociación de Agricultores Alemanes (DBV), Alemania cuenta con la ley de herbicidas más estricta del mundo, por lo que el glifosato podría provenir de la cebada importada para producir la cerveza, algo que afectaría principalmente a Francia, Dinamarca y el Reino Unido.