Un carpincho gigante dejó sus huellas en las playas de Miramar (Buenos Aires) hace cien mil años, el equipo del Centro de Registro del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico de La Plata dio a conocer el hallazgo, que completa una larga lista de descubrimientos de este tipo que demuestran la intensa vida prehistórica en este rincón del mapa bonaerense.

Miramar se ha convertido en una de las plazas más importantes a nivel paleontológico en el mundo. Los restos óseos hallados pertenecen a un carpincho (Hydrochoerus hydrochaeris) de gran tamaño que podría haber tenido 1.30 metros de largo y 65 kilos de peso.

El hallazgo fue anunciado en las  VI Jornadas Arqueológicas y VII Jornadas Paleontológicas Regionales, desarrolladas en Miramar. Los restos cobran relevancia porque se trata de una especie de roedor del que sólo se han encontrado muy pocos vestigios en toda Amérca, se trata de la icnoespecie Porcellusignum conculcator. Los investigadores que participaron de este descubrimiento aseguran que con estos restos se podrá saber más aspectos de la vida de estos grandes animales prehistóricos.

La particularidad del yacimiento paleontológico de Miramar, es que se halla muy cerca del casco urbano, a pocas cuadras de su centro. Hace miles de años este lugar era muy diferente de cómo es ahora, el mar estaba más retirado hacia el sudeste, y donde hoy está Miramar era una planicie que se inundada frecuentemente. Se sabe que existió un arroyo y por esta razón muchas especies se acercaban a tomar agua, las huellas y los restos de estos animales han cruzado las edades geológicas hasta llegar a nuestros días.

Según difunde el portal Infogei, el equipo completo que participó del importante hallazgo está compuesto por Cristian Oliva del Centro de Registro del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico, de La PLata; Cristian Favier Dubois del área de Investigaciones Arqueológicas y Paleontológicas del Cuaternario Pampeano, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires en Olavarria. Daniel Boh y Mariano Magnussen del Museo Municipal de Ciencias Naturales Punta Hermengo de Miramar, quienes fueron sus descubridores.