La investigadora Marcela Peralta, de la Fundación Miguel Lillo, halló los primeros ejemplares de esta nueva especie de opilión (un orden de arácnidos muy frecuentes en zonas húmedas) en la caverna Doña Otilia. Luis E. Acosta, investigador del CONICET en el Instituto de Diversidad y Ecología Animal (IDEA, CONICET-UNC), describió y clasificó a esta nueva especie bautizada como Otilioleptes marcelae.

El investigador pudo advertir que se trataba de una especie exclusivamente cavernícola, es decir, que desarrolla la totalidad de su vida dentro de los límites de la cueva. Como en otros casos de cavernícolas obligados, Otilioleptes marcelae muestra una serie de caracteres morfológicos que se correlacionan con la vida hipogea conocidas como troglomorfismos.

Algunas de estas características distintivas son el alargamiento de los apéndices –aparentemente es así por una necesidad sensorial en el marco de la oscuridad total en la que viven-, un tegumento más débil, fuerte reducción de los ojos -aun no tenemos claro si pueden ver algo, probablemente no- y despigmentación”, señala el investigador.

El investigador destaca la importancia evolutiva de esta especie, así como su potencial vulnerabilidad y la urgente necesidad de establecer medidas de protección de la caverna Doña Otilia, la cual actualmente no se encuentra dentro de ningún área protegida.

Desde el CONICET explican que los opiliones son un orden de arácnidos muy frecuentes en zonas húmedas. En la Argentina, es tan común hallarlos en la región pampeana, la Mesopotamia o las Yungas, como infrecuente -en algunos casos, completamente imposible- encontrarlos en medio de la aridez de la Puna, Cuyo o la Patagonia. Asimismo, en ocasiones, en el contexto de ambientes secos se conservan espacios aislados con microclimas de mayor humedad, que permiten la persistencia, en la forma de relictos, de especies propias de un tiempo en que las condiciones climáticas de la región eran más benignas y, probablemente, la fauna en cuestión estaba mucho más extendida.