Por Pablo Tassart

 

TICS se llama él último disco de la Orquesta Típica Fernández Fierro (OTFF). “Tan Idiotas Como Siempre”, dicen ellos que significa en un rapto de humor y humildad. “Más idiotas que nunca nos pareció algo soberbio”, explica con voz cavernosa el contrabajista y director de la orquesta, Yuri Venturín, desde el escenario.

Sin embargo, TICS puede y debe tener múltiples significados. “Tengo Insomnio Cada Sábado” o “Troilo Inventó Cosas Supremas”, propone la contratapa del disco entre las varias combinaciones con las que juegan con la sigla. Pero “Tan Irreverentes Como Siempre” podríamos decir que es la manera más apropiada de describir el presente y la historia de esta orquesta típica.

Irreverentes ya desde sus comienzos, en 2001, cuando se les ocurrió comenzar con algo en momentos en los que todo parecía terminar. Irreverentes porque en medio de la fiebre for export del tango electrónico, se jugaron con una orquesta típica. Porque, años después, durante el post Cromañón, cuando nadie sabía dónde tocar, ellos crearon, en 2004, el Club Atlético Fernández Fierro. Porque allí antes y después de los shows suenan temas de Sumo, Pink Floyd o Sex Pistols, rock and roll del que nunca quisieron renegar.

Porque en pleno auge de consumismo desbocado y “capitalismo en serio”, ellos se propusieron armar una cooperativa para autogestionar su destino, entre todos y por igual. Porque nunca le cantaron al farolito de la esquina ni a la carbonería de Homero Manzi, sino que en su Boedo “fisuran los bluses” y “se  lamenta el buey jipón”. Porque respetan el pasado del género, pero no descansan en él. 

Se podría decir que el presente de la OTFF se ubica en el tango Puente Pueyrredón, de Pablo Sensottera (34 Puñaladas), incluido en la reciente placa. Cantando a las desgracias de los marginados que a la frontera llegan a reclamar, la voz del Chino Laborde pinta el trazo gris de la actualidad.

Así, cantando, diciendo, es adonde apuntan hoy. Con un disco nuevo producido por el guitarrista Tito Fargo (ex Redondos y actual Gran Martell), en el que abundan las letras y el protagonismo de su particular cantante: un frontman rockero con estirpe tanguera.  

Una larga noche

Así fue la noche del miércoles 24 de julio, helada y repleta de seguidores. Una de las tantas en la que los muchachos de la Fernández Fierro presentaron su nueva obra. Todo comenzó como calentando motores, con algunos clásicos instrumentales y otros como Una larga noche y Bluses de Boedo. Y con un despliegue de ocho cámaras ubicadas como espiando en primerísimos planos a los músicos, en una puesta diseñada por Alfredo Zuccarelli, cellista de la orquesta. 

Pero promediando el set, todo se trastocó. La irreverencia, otra vez, tomó la noche sin permiso y por asalto: un alucinante crossover de Buenos Aires hora cero, de Astor Piazzolla y Las luces del estadio, de Jaime Roos dejó al público aullando, junto a un cantor rengueando por el escenario y chamuyándole incoherencias a la espuma de su vaso. 

A partir de allí nada volvió a ser como antes. Serruchos, cascos de motocicleta y una sombrilla multicolor, fueron parte del despliegue histriónico de un Chino Laborde del que todo se puede esperar. Mientras, Azucena alcoba, Brujos y Científicos – de Tabaré Cardozo- , Sierpe, Ya fue y Pegue su tren; llegaban como un uppercut tras otro por parte de los once músicos en escena, a una audiencia al borde del éxtasis y el knock out.

El cierre fue con un bis, pero en realidad ya había sido con Despedida, como no podía ser de otra manera. Golpes, humo, gritos y bandoneones colgando de arlequines, rastas y melenudos. Transpiración y talento como demostración final. Y un par de lecciones de música y comportamiento, que más de alguna pretendida estrella debería apuntar.?

 

Más info:

www.fernandezfierro.com