Cuando se habla de la Juventud Peronista, uno piensa de inmediato en los años setenta o en la Resistencia. Pero la historia es mucho mas larga, ¿no?
-La Juventud Peronista nace con el peronismo. Si uno ve con cuidado las fotos del 17 de octubre de 1945, ve claramente que son jóvenes. Hasta 1955 se suponía que no había una juventud organizada. Y la juventud posterior se presentó como aquella que venía a representar los valores auténticos del peronismo, que habían sido traicionados por los viejos burócratas. Ellos decían que los viejos, salvo algunos como Perón o John William Cooke, eran traidores o demasiado blandos para resistir el antiperonismo.
-Entonces el protagonismo como fuerza militante y como renovación partidaria empieza después del golpe del 55.
-Eso es lo que la Juventud Peronista tradicional, la que nosotros conocemos, reivindicaba. Yo vengo a decir que eso es un mito. Descubro que hay una Juventud Peronista que se va organizando progresivamente desde el 45 hasta el 55 y reconstruyo esa historia en todo el país. Incluso uno podría decir que esa primera JP, que era políticamente más ingenua que la posterior, también era más numerosa. Porque la Juventud Peronista heroica de la Resistencia en realidad estaba compuesta por una diversidad de grupos muy pequeños, desarticulados, porque las condiciones de la militancia eran muy hostiles.
-¿Aquella primera JP estaba organizada y se reivindicaba como un grupo específico dentro del partido? 
-Los primeros grupos que se llaman Juventud Peronista y que trabajan en las unidades básicas comienzan a aparecer ya en el año 1946. En el 51 se empieza a construir una primera red nacional, un movimiento juvenil peronista para la campaña previa a las elecciones presidenciales de noviembre. En el 54, con la campaña electoral para la vicepresidencia, vuelve a tener un envión y alcanza, ya en el período de crisis del peronismo, un lugar muy importante. Hay un momento de pasaje, porque la primera etapa de la actuación juvenil en la llamada Resistencia Peronista está muy fuertemente ligada con estos grupos que vienen del período anterior. Lo que pasa es que hay una JP totalmente negada, repudiada por los nuevos jóvenes, aquellos que nosotros conocemos como los protagonistas: Gustavo Rearte, Jorge Rulli, Norma Kennedy, Alberto Brito Lima… Todos esos que son parte de la epopeya juvenil peronista conocieron a estos jóvenes que vienen de la época anterior. Pero los borraron para establecerse ellos como los fundadores y los que tenían el derecho de reclamar la sucesión generacional en el peronismo.
-¿Cuál era la noción de juventud en los años cuarenta?
-La primera juventud es sobre todo de clase media. Porque en la clase trabajadora no existía verdaderamente el período de juventud, en tanto se pasaba de la niñez al trabajo. Y no había una identidad juvenil consolidada porque no había marcas de identidad juvenil. Por ejemplo, la vestimenta. Y tampoco era reconocible una ideología de lo juvenil. Aunque ese proceso se había iniciado en los años 30: existían la Juventud Nacionalista, la Juventud Católica, la Juventud Comunista. Pero con rasgos diferentes de la juventud de los sesenta y los setenta, que va a cuestionar a sus padres y a defender sus propios valores.
-¿De dónde proviene la Juventud Peronista?
-Su origen es muy heterogéneo: viene del nacionalismo, incluso del nacionalismo con zeta, de grupos que reivindicaban el nazismo o el falangismo español, de la Juventud Obrera Católica. Pero también proviene de grupos radicales, como en Jujuy. Y en otros lugares surgía más desde abajo. Confluyen muchas vertientes y se van articulando a partir de la idea de la lealtad a Perón y a Evita. Pero no logran desarrollar un proyecto propio y se mantienen en un lugar de defensa del gobierno popular. Ese era el horizonte: defender a Perón. 
-¿La propuesta propia se empieza a macerar con la juventud de la Resistencia?
-Pero antes de la Revolución Libertadora, y sobre todo en la ciudad de Buenos Aires, con la intervención del partido de Cooke,  comienzan a aparecer rasgos de una combatividad mayor y los gérmenes de una política independiente. La juventud además empieza a tener una presencia mayor en las calles y en la prensa. Se produce un claro avance, que va a ser cortado por la Revolución Libertadora. Y desde ahí va a haber un proceso de reconversión de la JP. Aparece una nueva camada. Pero toda esa historia anterior va a tener eficacia. Porque el gran problema de la JP siguió siendo cómo desarrollar un proyecto autónomo y cómo negociar ese lugar  dentro del movimiento.
-Se supone que el actual gobierno le asigna a la juventud un lugar protagónico.
-Yo distinguiría lo que es una promoción generacional de un cambio generacional, que sería la propuesta de nuevas perspectivas políticas o la radicalización del kirchnerismo. Y en ese sentido yo no veo una voluntad política de llevar el kirchnerismo hacia algún objetivo que sea diferente del de sus grandes referentes, sobre todo de Cristina Fernández. Me pregunto si en realidad lo que hoy aparece como las juventudes del kirchnerismo no son más bien algunos actores que colaboran en un movimiento donde ellos no tienen capacidad de decisión real, de debate político. Es lo que me transmiten los discursos de (Juan) Cabandié, de (Andrés) Larroque o de Facundo Moyano. Por otra parte, creo que este regreso de la juventud a la política empieza en el 2001. Y el kirchnerismo, que en muchos sentidos tiene un muy buen olfato para captar las demandas de la sociedad, recupera esa fuerza que está activa.
-¿Cómo se inscriben los Montoneros en esta historia?
-Montoneros tenía en su filiación peronista el fundamento de la adhesión que concitaba entre la juventud. En determinado momento, ellos dicen: “Vamos a avanzar y a exceder a Perón”. Y es ahí donde se les presenta el dilema. Porque si desafían a Perón, desafían el fundamento de esa adhesión. Ese es el dilema de toda juventud política. Yo creo que la sociedad argentina estaba bastante distante de una línea revolucionaria en ese momento. Era una época muy convulsionada que podía haber dado lugar a muchas novedades radicales, pero no en una línea peronista revolucionaria.