Se llama Ann Makosinski, sólo tiene 15 años y ha creado una linterna que funciona por el calor de la mano. Parece magia, pero es real y se vende a 26 dólares. Su viralización podría acabar con la contaminación que producen las pilas convencionales.

El truco no es otro que aprovechar el calor generado por la propia mano de quien manipula la linterna, el invento le valió importantes premios como el Premio Nacional de Ciencias de Lethbridge, el segundo premio en la Feria de Ciencias de Vancouver o, por ejemplo, ser una de las finalistas de la actual edición del Google Science Fair.

El invento de esta joven canadiense, estudiante de la St. Michaels University School, podría ser revolucionario, quizás el principio de una iluminación ecológica que active dispositivos mediante el calor humano o, en todo caso, si llegara a popularizarse a ser un objeto obligado en kits de salvamento.

La linterna se ha creado a partir del conocido efecto termoeléctrico descubierto en 1834 por Jean Peltier, que aprovecha la diferencia de temperatura para producir electricidad. De este modo, se logra crear energía eléctrica por esa misma diferencia de frío (el aire del interior) y calor (la mano), la suficiente como para que la linterna se encienda a partir de un circuito que proporciona el voltaje necesario.

Ese el secreto del funcionamiento de la linterna, que su creadora ha bautizado con el nombre de Hollow Flashlight. Aparte de la mano humana, no se necesita ningún otro tipo de energía. 

La creadora de la linterna: