A 73 años de su debut en el Marabú, Carlos Di Sarli recibirá un espectacular homenaje en aquel lugar que fue wwwigo de sus épocas de mayor esplendor. La Gran Noche del Maestro Carlos Di Sarli contará con el show de Gaby, Pablo Valle y su sexteto (con el cantor Bernardo Bergé) y la participación especial de Gloria Marcó (hija del más prolífico letrista en colaboración con el maestro bahíense, Héctor Marcó).

La velada comenzará con la proyección de la película documental “Carlos Di Sarli, el señor del tango”, de Alberto Freinquel y la colocación de una plaqueta con la imagen de Carlos Di Sarli. Hablarán Marcelo Guaita y José Valle, director del Festival Carlos Di Sarli de Bahía Blanca y estarán presentes la viuda e hijas del maestro bahíense.

El cabaret Marabú nació en un subsuelo de un palacio italiano de la calle Maipú 359, el mismo año que nació el Obelisco: 1935. Y si el Obelisco era un trozo de tiza en el pizarrón de la noche, el Marabú fue el pizarrón. Allí se aprendía y se vivía el tango, los amores, el glamour, y también los desengaños.

La iniciativa de crear el cabaret fue del español Jorge Sales, que supo captar la sensualidad y el misterio de una ciudad marcada por la soledad, la migración, y el tango. El nombre Marabú tiene un rasgo erótico: define a un ave africana y por extensión a sus plumas, muy usadas entonces para hacer la lencería de las vedettes y esas boas de colores asociadas con las mujeres del charlestón y las muñecas bravas del tango.

Los cabarets de los años 30, Tabarís, Casanova y Chantecler, entre tanto, tenian pistas inmmensas con escenarios para dos orquestas: típica y de jazz. A la medianoche hacían varieté. No eran usualmente lugares para parejas sino para grupos de hombres y mujeres solas, eran lugares de baile y encuentros, y si allí se formaba una pareja por lo general no volvía.

El Marabú tenía 1000 metros cuadrados, ambiente estilo art decó, y pisos en damero blanco y negro. Actuaba la orquesta de Aníbal Troilo con Piazzolla. La orquesta de Carlos Di Sarli y Ángel D’ Agostino. Había un portero con faldón y gorra con el nombre del lugar, entraban coperas risueñas con estrictos vestidos de satén y las consabidas boas de colores. Llegaba un sonido de violín y bandoneón, y un cartel en la puerta decía: “Todo el mundo al Marabú”. Carlos DiSarli debuto allí con su orquesta el 20 de julio de 1940.