La población de ballena franca austral de la costa Atlántica de Sudamérica ocupa dos áreas de cría principales en Argentina y Brasil, y una tercera en Uruguay. Las áreas de Argentina y Brasil están separadas por 2.100 km. Esta distancia, que puede parecer mucho para nosotros, es una corta distancia para las ballenas, que cada año nadan miles de kilómetros.

Las investigadoras Victoria Rowntree de Ocean Alliance, Florencia Vilches del ICB y Karina Groch del Instituto Australis (Brasil) buscaron en el catálogo de Península Valdés los 896 individuos identificados en el sur Brasil hasta 2017 y encontraron coincidencias en 124 individuos. Estas ballenas fueron registradas en ambas áreas, pero siempre en años diferentes.

El análisis de ambos catálogos muestra que el 14% de las ballenas conocidas de Brasil también visitan las aguas de Península Valdés en Argentina para tener sus crías, lo cual evidencia que todas las ballenas francas de la costa este de Sudamérica integran una gran población.

Los resultados de esta actualización de la comparación de catálogos, que fue presentada en mayo pasado ante el Comité Científico de la Comisión Ballenera Internacional, demuestra que muchos individuos utilizan ambas áreas de cría en distintos años, resaltando la importancia de coordinar estrategias internacionales para proteger las ballenas en todo su hábitat.

Además, esta nueva comparación obtuvo un nuevo registro de la emblemática ballena Troff, una de las primeras identificadas por el Dr. Roger Payne en su viaje de reconocimiento a Península Valdés en 1970. Esta hembra de más de 60 años integra el Programa “Adoptá Una Ballena Franca” y fue apodada “la ballena que une países”. Este nuevo registro, obtenido en 2011 en el sur de Brasil, evidencia cómo las ballenas alternan en el uso de distintas áreas de cría entre años.

Su nombre, adaptado del término inglés “trough”, significa “depresión” o “surco”, pues a lo largo de su lomo tiene una hendidura bastante pronunciada, lo que facilita su reconocimiento en el mar.

El Dr. Mariano Sironi, Director Científico del ICB, resaltó que “La única manera de asegurar un futuro en la tierra para estos majestuosos animales es a través de la cooperación internacional, el trabajo conjunto de investigadores y organizaciones ambientalistas, y el compromiso de los gobiernos y de los pueblos que comparten la responsabilidad de contar en sus territorios con la invalorable presencia de las ballenas.”

El informe con los resultados de esta comparación, presentado a la Comisión Ballenera Internacional, aporta información muy relevante para el Plan de Manejo de Conservación de la Ballena Franca del Atlántico Sudoccidental y sustenta con información científica la importancia de la cooperación regional para la conservación de especies migratorias.