Hace un año, el pueblo de Idiazábal amanecía bajo agua. Ningún vecino imaginaba que acaso ese sería su último día en su hogar. Las incesantes lluvias de febrero habían provocado el desborde de un arroyo cercano. El agua devoró todo a su paso. Primero fueron los campos, luego siguieron las casas y las calles del pueblo pronto se convirtieron en ríos. Idiazábal quedó sepultado bajo las aguas.

Los vecinos comenzaron entonces un éxodo hacia otras poblaciones cercanas y en tan sólo cinco días el lugar quedó desolado. “Ya no queda nadie”, informó el 3 de Marzo el entonces gobernador Juan Manuel de la Sota. Casi toda la población, 1300 habitantes, habían sido evacuadas. Sólo quedaron unos bomberos, policías, personal sanitario y vecinos de la zona sur que no fue tan afectada.

Los 300 milímetros que cayeron en Idiazábal ocasionaron una inundación que duró 17 días. El agua volvió inhabitable la localidad. Sus habitantes debieron comenzar una nueva vida en otros pueblos o en casas de familiares, el escenario no era alentador.

El 13 de marzo el agua finalmente se había desagotado y se recuperó el servicio eléctrico. Las casas estaban arruinadas, y había aberturas, muebles, colchones, electrodomésticos y ropa en la calle. También maquinaria y vehículos inutilizados. Documentos irrecuperables que se fueron con el agua, que no perdona.

Con ese panorama, algunos pobladores comenzaron el retorno a casa: grandes y chicos, con palas, escobas y mangueras iniciaron el duro trabajo para rehacer el pueblo. La recuperación estaba en marcha

Idiazábal hasta ese entonces era un pueblo de la pampa cordobesa ubicado sobre la ruta provincial 6 y a unos 70 kilómetros al sur de Villa María con casi 1.300 habitantes, que se dedicaban a tareas rurales o estában vinculados con la producción agrícola.

El pueblo se fue formando y creciendo sobre un bajo, una antigua laguna. Por ello, el agua de los campos suele escurrir justamente hacia donde están las casas. Durante los meses sucesivos a la inundación, se realizaron obras de protección para futuras precipitaciones. Sin embargo, cada vez que caía una gota, sus habitantes pensaban lo peor.  

A la construcción de un canal de seis kilómetros de largo, se sumaron otros sobre la cuenca del arroyo San José y también nuevas lagunas de retención en campos vecinos.

Idiazábal mostró su fortaleza ante la lluvia hace una semana cuando resistió el intenso temporal que azotó gran parte de Córdoba. Con lo cual, en el pueblo los vecinos ya duermen más tranquilos e incluso algunos bromean con que les gusta que llueva mucho y fuerte para poner a prueba las obras. La unión y la fuerza comunitaria permitió la refundación del pueblo.