Un desarrollo del Instituto Fleni que se nutrió de un equipo fabricado por una empresa local, consiguió la recreación de un menisco y una oreja humana, según exhibieron sus responsables en el III Congreso Argentino de Impresión 3D.

Utilizando resonancias magnéticas y tomografías para elaborar modelos precisos, las investigaciones en tejidos semiblandos en el Fleni también trabajan en células del músculo cardíaco.

Se trata de una impresora 3D desarrollada por la empresa Trideo, creada por dos franceses radicados en Argentina, que logró superar la dificultad de imprimir tejidos que soporten células.

Para ello es necesario controlar la temperatura, los nutrientes, el oxígeno y otras variables indispensables para la vida celular, explicó el biólogo Carlos Luzzani, uno de los investigadores del Fleni, quien expuso hoy su trabajo y concitó la atención de técnicos y científicos al mostrar las aplicaciones presentes y futuras de las impresoras 3D en medicina y farmacéutica.

Es seguro que la bioimpresión tiene aplicación en casi todos los campos de la biomedicina”, señaló el investigador, quién además estimó necesario trabajar en la legislación que permita trabajar en la materia: “Gente de Incucai y Anmat debería juntarse a hablar tanto del desarrollo de una bioimpresora como del implante del tejido creado artificialmente después”, comentó.

Con ese campo ya desarrollado, los principales desafíos se dan en la impresión de tejidos capaces de albergar células humanas para ser implantadas en pacientes, y si bien faltan años para la aplicación clínica de estos implantes, otras aplicaciones de las impresoras 3D ya son de uso cotidiano en medicina, como las maquetas para la práctica de intervenciones quirúrgicas.

El campo más avanzado es el de las prótesis realizadas con un material inerte y duro que, a diferencia de los realizados con moldes tradicionales, utilizan imágenes de resonancias y tomografías para que el reemplazo tenga la medida exacta que cada paciente necesita.

Hay ejemplos de reemplazo de huesos con piezas de titanio. El talón tenía la misma distribución del peso que el original y pudieron determinar con un estudio que la pisada de la persona terminaba siendo la misma”, ejemplificó Luzzani.

Pero la impresión 3D no se limita a aplicaciones médicas, siendo cada día más utilizada en el desarrollo de prototipos industriales, producción de objetos y también, de obras de arte, como quedó de manifiesto en el C3, donde además de charlas hay talleres y exposiciones de la naciente industria.

“Tradicionalmente desbastamos madera para hacer una pata de una mesa. Aquí hablamos de una tecnología aditiva: El objeto se va creando capa a capa. Podemos generar cualquier forma por difícil que sea”, señaló a Télam la presidente de la Cámara Argentina de Impresión, Irene Presti.

La de las impresiones 3-D es una industria que, según la Cámara, multiplicó su volumen y cantidad de empresas en el último año, diversificando su intervención en variados campos de la producción.

“Hoy nos permite imprimir en plástico, metal, arena y los hidrogeles que soportan las células madre. Los campos de aplicación son inmensos. Definitivamente el más avanzado de los campos es la producción de prototipos: En 17 horas de impresión se reemplazan 23 días de trabajo tradicional, con la posibilidad de hacer retoques y modificaciones en corto tiempo”, explicó Presti.