Se estima que cada año los argentinos tiramos a la basura 13 millones de toneladas de plástico. El 90 por ciento nunca fue reciclado. Las tendencias son alarmantes a nivel mundial, pero para buscar soluciones primero es necesario saber en qué situación se encuentra el problema. Preocupadas por esto, investigadoras de la Universidad Nacional del Comahue (UNComa) y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) lanzaron una encuesta para conocer la situación a nivel nacional.

En agosto del 2020, iniciamos una encuesta para todo el país en la que preguntamos los hábitos de consumo de plástico en los hogares y evaluamos el nivel de conocimiento de las personas sobre diferentes conceptos asociados al mismo, sus alternativas y los efectos que tiene sobre el medio ambiente y la salud humana”, explicóAgustina di Virgilio, doctora en biología e investigadora del Grupo de Investigación y Divulgación de los Efectos de la Contaminación por Plásticos (INIBIOMA-CONICET/UNComa).

Los resultados muestran un gran índice de adhesión con la causa del reciclado. La investigadora destacó que, “sobre un total de 10.733 encuestados de todo el país, el 83 por ciento aseguró que en su hogar se realiza algún tipo de acción para reducir el consumo de plástico. Además, un 86 por ciento considera que es muy importante que haya una Ley para regular los desechos de un solo uso”.

Estos resultados resaltan el interés de que se establezca algún tipo de regulación sobre esta problemática que genera tantos perjuicios. A nivel global, se estima que sólo el nueve por ciento del plástico que fue producido hasta la actualidad ha sido reciclado, el 12 por ciento fue incinerado, mientras que el 79 por ciento restante se encuentra en el ambiente”, subrayó di Virgilio.

Lamentablemente, frecuentemente se ve en medios de comunicación y redes sociales imágenes de animales sufriendo a causa de los residuos plásticos, pero los impactos negativos son aún más profundos. “En el caso de los microplásticos, aquellos menores a 5mm, se ha observado que tienen la capacidad de ingresar en las cadenas tróficas marinas y de agua dulce, y pueden absorber patógenos que afectan a los seres vivos”, advirtió Mariana Fasanella, doctora en ciencias biológicas e investigadora del CONICET y de la Universidad Nacional del Comahue.

Además – agregó la experta -, también pueden contaminar químicamente el agua, el suelo, los organismos y, por lo tanto, afectar nuestra salud. Esto se debe a que para la fabricación de plásticos se necesitan aditivos químicos que con el tiempo o ante temperaturas elevadas van liberándose al suelo, al agua o son transferidos al alimento con la que están en contacto”.

Si bien las investigaciones vinculadas a los impactos de microplásticos en la salud humana son muy recientes, existe evidencia de que sus aditivos están estrechamente vinculados con incrementos en los índices de cáncer. La ingestión de algunos de estos químicos, a partir de los alimentos puede generar cambios neurológicos y psicológicos, conducir a enfermedades metabólicas, diabetes, enfermedades hepáticas, así como también producir diferentes tipos de cáncer”, alertó la investigadora del CONICET.

Ante esto, la encuesta buscó evaluar si las personas estaban al tanto del impacto de los plásticos sobre el medio ambiente y la salud humana. La mayoría (74 por ciento) respondió que estaban al tanto de los daños producidos, mientras que el 23 por ciento respondió que sólo había escuchado del impacto sobre el medio ambiente y menos del uno por ciento conocía los daños generados sobre la salud humana. Sólo 263 encuestados (casi el tres por ciento) respondieron que nunca habían escuchado sobre este problema.

Otro eje analizado indagó sobre los plásticos más consumidos y los más viables de ser reemplazados. Los ítems que se encuentran con mayor frecuencia en los hogares son aquellos asociados a la limpieza del hogar e higiene personal, seguidos por las bolsas y algunos empaques de alimentos y bebidas. La mayor parte de los encuestados conoce alternativas para los empaques de bebidas y las bolsas, pero no encuentra reemplazo a los paquetes aluminizados, los sachets, los envases económicos o el papel film.

En cuanto a los grupos etarios y su interés por el tema, el relevamiento indicó que las personas que se encuentran entre los 18 y los 65 años de edad representan el mayor porcentaje de quienes llevan a cabo acciones para reducir el consumo del plástico en el hogar (67 por ciento). Por otro lado, el porcentaje de personas mayores de 65 años preocupadas por el medio ambiente resultó el más bajo de todos (cuatro por ciento).

“Un dato a destacar, es que el porcentaje de individuos menores de edad que aún van a la escuela primaria fue mayor (18 por ciento) que el de estudiantes de escuela secundaria (once por ciento), con lo cual se podría decir que los niños de primaria están más conscientes en cuanto al cuidado del medio ambiente que los adolescentes”, señaló Fasanella.

Si bien un número considerable de personas demostró interés en reducir su consumo, muchos son los que todavía precisan más información sobre este tema, ya que los plásticos son muy variables en cuanto a su estructura, flexibilidad y origen.

De forma general, podemos diferenciar dos grandes tipos de plásticos: los derivados del petróleo y los que provienen de biomateriales. Su composición, toxicidad y potencial de reciclado es tan variable que, en 1988 la Sociedad de la Industria del plástico en Estados Unidos introdujo un sistema de identificación de resinas (RIC por sus siglas en inglés) para responder a la demanda de los programas de reciclaje y facilitar la separación de los residuos”, comentó Fasanella.

Fuente: Agencia CTyS-UNLaM