El año pasado, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) informó más de 3 millones de casos de dengue en América Latina, el mayor número registrado en la historia para la región. Y para los científicos que estudian el virus, la preocupación por el COVID-19 no debería minimizar la precaución y las medidas para controlar el dengue.

Este año empezó a circular en Argentina el serotipo DEN4 del virus del dengue, que ya estaba establecido en Paraguay, además de las variantes DEN1 y DEN2 que ya estaban circulando en el país”, indicó Luana de Borba, investigadora del grupo de Virología Molecular que lidera Andrea Gamarnik en la Fundación Instituto Leloir (FIL), quien advirtió que Cuando cambia el serotipo, hay mayor probabilidad de desarrollo de cuadros de más agudos de enfermedad, con posibilidad de muerte”.

Los casos de dengue en Argentina aumentan cada año y se extienden a otras regiones. Según el último Boletín Epidemiológico del Ministerio de Salud de la Nación, desde la semana 31 de 2019 hasta el 25 de marzo del presente año se notificaron al Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud 26.351casos con sospecha de dengue u otros arbovirus, de los cuales 7.862 resultaron confirmados y probables para dengue (6.169 sin registro de antecedentes de viaje en 16 provincias y 866 casos con antecedentes de viaje a zonas con circulación viral fuera de la jurisdicción de residencia o con antecedente epidemiológico en investigación) y 353 en investigación.

En tanto, el último Boletín Epidemiológico Semanal del Ministerio de Salud de la Ciudad de Buenos Aires informa que en lo que va del año 2020 y hasta el 4 de abril, el total de notificados de dengue asciende a 5446. De ese total, se confirmaron 3173 casos, 2897 sin antecedente de viaje.

Recordemos que los síntomas del dengue incluyen fiebre elevada, dolores de cabeza (principalmente detrás de los ojos), musculares y articulares, náuseas, vómitos, cansancio intenso y manchas en la piel. Se estima que, por cada persona con síntomas clínicos, hay entre 8 y 15 que se infectan y perpetúan el ciclo de transmisión a través del mosquito Aedes aegypti.

Hasta la fecha no existen vacunas ni terapias efectivas contra esta enfermedad. “La investigación de la biología molecular de este virus es fundamental para lograr desarrollar tanto vacunas como antivirales eficaces que resuelvan esta problemática de salud regional y mundial”, indicó De Borba, quien estudia la intimidad de un mecanismo que actúa como freno interno del virus en mosquitos y podría servir como blanco farmacológico.

Para la científica de la FIL, mientras la ciencia avanza en soluciones, es crucial tomar medidas para combatir la dispersión del mosquito transmisor:

– Eliminación de elementos que retengan agua donde puedan criarse larvas de Aedes aegypti (como latas, botellas, neumáticos).
– Dar vuelta los objetos que se encuentran en el exterior y que pueden acumular agua cuando llueve (baldes, palanganas, tambores).
– Cambiar el agua de bebederos de animales, colectores de desagües de aire acondicionado o lluvia, dentro y fuera de la casa, cada 3 días. Frotar las paredes de los recipientes con una esponja a fin de desprender los huevos de mosquito que puedan estar adheridos.
– Rellenar los floreros y portamacetas con arena húmeda.
– Mantener los patios limpios y ordenados y los jardines desmalezados.
– Limpiar canaletas y desagües de lluvia de los techos.
– Tapar los tanques y recipientes que se usan para recolectar agua.

Fuente: Agencia CyTA-Fundación Leloir