Por Leandro Vesco  –  Fotos: Daniel Cuadra

Algo huele mal en Suipacha. De la noche a la mañana, el intendente de esta ciudad ordenó la tala de 90 árboles de un sector conocido como El Parque, espacio de fuerte identidad para los suipachenses que lo usaban históricamente como lugar de recreo y esparcimiento. Sin consultar a nadie y desoyendo el pedido de toda una comunidad, la ciudad –una de las más antiguas de la provincia de Buenos Aires-, se queda de esta manera sin uno de sus lugares naturales más emblemáticos.

El bosque, emplazado en tierras que fueron de la familia de los fundadores de la ciudad, fue plantado con eucaliptus en épocas en donde se necesitaban durmientes para el ferrocarril -vendrían a reemplazar al quebracho- pero con el tiempo surgió allí un espacio de reunión para los pobladores que vieron en este monte una sombra ideal para oxigenarse y realizar paseos. Juan Antonio Delfino, intendente del partido, decidió talar los árboles para generar leña, y con esto, un comercio. “Los vecinos no estamos de acuerdo con esta tala, este lugar es parte de nuestro patrimonio cultural natural”, reclama Patricia Rionda, museóloga y defensora de la identidad de Suipacha.

La misma Rionda presentó en su momento una ordenanza que declaraba al municipio responsable y protector del patrimonio cultural y natural del Partido, pero es el mismo cuerpo ejecutivo quien ahora desconoce esta ordenanza al talar en forma indiscriminada este pulmón verde de la ciudad. De fuerte identidad ecologista y proteccionista, Suipacha es conocida como Ciudad Sensible.

Ningún vecino pidió la tala, Rionda enfatiza que “quien da la orden de talar no quería pagar para que realizaran este trabajo, por eso le ofrecieron a un grupo de leñadores para que lo hagan pagándoles con la madera de los árboles talados. No hay ninguna orden escrita ni ordenanza municipal, todo se hizo en forma verbal. El intendente hace esto contra la voluntad de toda una comunidad”

Aunque el daño ya está hecho, el impacto ambiental se puede minimizar, según Rionda “haciendo un corte a bisel en algunos árboles es posible que se recuperen, también habría que tomar los recaudos de cura preventiva para lograr que crezcan sanos”. Esta vecina movilizó a gran parte de las instituciones y medios de la ciudad, alertando sobre este atropello al patrimonio intangible, pero su protagonismo le valió una amenaza municipal.

“Hice una nota a Defensa Civil sobre lo que estaba pasando y ellos me respondieron que sabían de la tala y me hacían responsable penal sobre lo que pudiera suceder de ahora en más. Esto es un claro abuso de poder”. Pero lejos de amedrentar a Rionda, la respuesta municipal le dio más fuerza, “desde hace unos días grabé una publicidad rodante sobre el tema que recorre la ciudad mañana y tarde”.

Las gestiones municipales deben ser plurales y gobernar con claridad y para el bien común de toda una comunidad que eligió en su momento una propuesta. Muchas veces, cuando los ciclos tienen un fin anunciado, las ideas se mueren y dejan paso a las acciones mediocres. Cuidar el medio ambiente es una responsabilidad que no puede desatender un municipio y además es un derecho que debe exigir el ciudadano. Suipacha, muy a pesar de su historia, comienza a contaminarse con ideas urbanas. Y el culpable tiene nombre y apellido: se llama Juan Antonio Delfino.